El relevo por equipos es la cara más joven y más espectacular del luge olímpico. Creado para añadir un formato de competición por naciones que fuera diferente a las pruebas individuales, la prueba fue introducida en el circuito de Copa del Mundo de la FIL en la primera década del siglo XXI y conquistó rápidamente la aprobación del público y de los medios por su dinamismo y su componente de drama colectivo. La decisión del COI de incluirla en el programa olímpico a partir de Sochi 2014 fue el reconocimiento de que el luge necesitaba un formato que permitiera también la competición entre naciones.
El mecanismo del relevo es simple pero emocionante. Cada equipo nacional debe tener atletas en las tres categorías: individual masculino, individual femenino y dobles. El orden de salida es siempre el mismo: comienza el hombre, después la mujer y finalmente los dobles. Al llegar al final de la pista, cada atleta debe activar físicamente una paleta electrónica —golpeándola con el trineo o la mano— que desencadena la cuenta atrás para la salida del siguiente compañero. Ese instante de activación añade un elemento de suspense: si el atleta tarda milisegundos de más en tocar la paleta, el siguiente puede salir antes de estar preparado, generando confusión. Y si no la activa, el árbitro de salida puede intervenir, pero se pierde tiempo valioso. El tiempo total del equipo es la suma de los tres descensos individuales, y el equipo con el menor tiempo acumulado gana la prueba.
La estrategia de la prueba es más compleja de lo que parece. Los equipos deben equilibrar el rendimiento individual con las fortalezas de cada categoría: si un país tiene un hombre muy rápido pero una mujer mediocre, puede encontrarse en desventaja respecto a países más equilibrados. Esto ha forzado a las federaciones nacionales a trabajar de forma más holística en el desarrollo de atletas en todas las categorías. Alemania, con su profundidad de cantera, ha dominado también esta modalidad, aunque en los últimos años equipos como los de Austria, Letonia y los países nórdicos han conseguido situarse entre los mejores en el relevo, a veces sin estar en la élite de las pruebas individuales.