El luge se disputa en cuatro modalidades reconocidas por la Federación Internacional de Luge (FIL) y presentes en el programa olímpico. Cada modalidad tiene sus propias características técnicas, su historia y sus protagonistas, aunque el principio fundamental —descender una pista de hielo en el menor tiempo posible— es idéntico en todas ellas.
La modalidad más tradicional y la más mediática es el individual, que se disputa por separado entre hombres y mujeres. Los hombres usan trineos más pesados y salen desde posiciones más altas en la pista que las mujeres, lo que se traduce en velocidades punta más elevadas. Las carreras individuales se componen de cuatro mangas en las principales competiciones, y la suma de los cuatro tiempos determina la clasificación final. En los dobles, dos atletas descienden sobre el mismo trineo, con el segundo atleta tumbado sobre el primero en una posición aún más comprometida aerodinámica y físicamente. La sincronización entre ambos y la guía coordinada del trineo hacen de esta modalidad un ejercicio de confianza y técnica compartida. Históricamente, los dobles han estado dominados por equipos alemanes, aunque en las últimas décadas equipos austriacos, italianos y estadounidenses han conseguido interrumpir esa hegemonía.
El relevo por equipos es la incorporación más reciente al programa olímpico: debutó en Sochi 2014. Cada equipo nacional necesita atletas en las tres categorías (individual masculino, individual femenino y dobles), y la estrategia de orden de salida puede influir en el resultado. El elemento espectacular de esta prueba es la transmisión de salida: el atleta que llega al final debe activar con su mano o el trineo una paleta electrónica que desencadena la salida del siguiente compañero, añadiendo un elemento de drama y precisión logística a la competición.