En el lenguaje del motociclismo de competición, las curvas se clasifican de forma básica por su sentido de giro: izquierda o derecha. Aunque pueda parecer una distinción trivial, el sentido de la curva tiene implicaciones reales en la técnica de conducción, la postura del piloto y el comportamiento de la moto. Cada piloto se inclina hacia el lado de la curva, desplazando el cuerpo fuera del sillín para mantener la moto lo más vertical posible y maximizar el agarre del neumático.
El desgaste de los neumáticos es una de las consecuencias más visibles de la distribución desigual entre curvas izquierda y derecha. Si un circuito tiene más curvas a un lado, el neumático se desgasta más en ese perfil. Circuitos como Jerez, Mugello o Le Mans tienen una distribución particular que los ingenieros y Pirelli o Michelin tienen en cuenta al seleccionar los compuestos para cada evento. En casos extremos, los fabricantes ofrecen versiones asimétricas del neumático trasero, con diferentes compuestos en cada mitad.
La preferencia o dificultad de un piloto en curvas de un sentido determinado es también un factor relevante en su adaptación a diferentes circuitos. Algunos pilotos son especialmente fuertes en curvas lentas de derecha gracias a su estilo de frenada trasera, mientras que otros dominan la transición rápida entre curvas consecutivas de sentidos contrarios. Los datos telemétricos permiten a los ingenieros identificar en qué tipo de curvas está perdiendo tiempo el piloto para orientar mejor los ajustes del fin de semana.