El stoppie —también conocido como endo o front-wheelie— es el fenómeno inverso al wheelie: en lugar de elevarse la rueda delantera durante la aceleración, se eleva la rueda trasera durante una frenada muy intensa. Cuando el piloto aplica una fuerza de frenada muy grande con el freno delantero, el peso de la moto se transfiere rápidamente hacia el eje delantero y, si la desaceleración es suficientemente fuerte, la rueda trasera pierde contacto con el suelo.
En competición, el stoppie es un incidente no deseado y potencialmente peligroso. Con la rueda trasera en el aire, la moto pierde estabilidad lateral y puede volcar hacia adelante si el piloto no suelta el freno de forma controlada. Los pilotos de MotoGP entrenan específicamente para reconocer la sensación de la rueda trasera elevándose y modular el freno delantero para que vuelva al suelo antes de que la situación se vaya de las manos. En las zonas de frenada más exigentes del calendario —Monza, COTA, Mugello—, el riesgo de stoppie es mayor por las velocidades que se alcanzan.
Las motos de competición modernas incorporan electrónica avanzada que monitoriza la carga de cada rueda y detecta elevaciones del eje trasero. Cuando los sensores registran que la rueda trasera empieza a despegarse, el sistema reduce automáticamente la presión de frenada para restablecer el contacto. Estos controles, junto con el ABS de carrera y la distribución de frenada, forman parte del paquete electrónico que los ingenieros configuran fin de semana a fin de semana.