La trazada es la línea que sigue una moto al atravesar una curva o una sección del circuito. En motociclismo de competición, elegir la trazada correcta es tan importante como la potencia del motor o el agarre del neumático, porque una mala línea puede costar décimas de segundo por vuelta que en el global de la carrera se convierten en varios segundos. La búsqueda de la trazada óptima es uno de los ejercicios fundamentales de la preparación técnica de cada fin de semana.
La trazada clásica o geométrica sigue un esquema de exterior-interior-exterior: el piloto entra en la curva desde el borde exterior de la pista, se acerca al punto interior más cercano al bordillo —el ápex— y sale de nuevo por el exterior. Esta línea maximiza el radio de curvatura efectivo, lo que permite mantener una mayor velocidad de paso sin perder agarre. Sin embargo, no siempre es la más rápida si la curva va seguida de otra que requiere un posicionamiento diferente.
En competición, la trazada también tiene una dimensión táctica. Ocupar el interior de una curva —especialmente en las zonas de frenada— es la forma más eficaz de defender la posición frente a un rival que intenta adelantar. El piloto que llega al interior primero puede cerrar la puerta y el rival debe o bien frenar para evitar el contacto o buscar otra línea alternativa. Algunos pilotos utilizan trazadas poco convencionales para sorprender a los rivales que anticipan sus movimientos y han adaptado su posición en consecuencia.