Bill May nació en 1981 en Burlingame, California. Empezó a practicar la natación artística de niño, atraído por la combinación de atletismo, expresión artística y trabajo en equipo que el deporte ofrecía. Lo que no sabía entonces es que su carrera se convertiría en la historia más larga de exclusión injusta que ha conocido el deporte olímpico moderno.
El mejor nadador que nunca pudo ser olímpico
Durante sus primeras dos décadas de carrera, Bill May fue el mejor nadador artístico masculino del mundo. Compitió en el nivel más alto permitido a los hombres —las competiciones nacionales de la United States Synchronized Swimming— y en los eventos internacionales no oficiales donde la participación masculina estaba aceptada.
Sus actuaciones en los shows acuáticos profesionales le ganaron el reconocimiento del público y de los especialistas. Su técnica, su expresividad y su capacidad atlética eran comparables a las de las mejores nadadoras del mundo femenino, y muchos en el deporte sostenían que su nivel hubiera sido completamente competitivo en los Juegos Olímpicos o en los Campeonatos del Mundo.
Pero la FINA (actual World Aquatics) no lo permitía. La natación artística era, hasta 2015, una disciplina exclusivamente femenina en el programa olímpico y en los Campeonatos del Mundo. Independientemente del nivel de May, la puerta de la competición más importante del mundo estaba cerrada para él.
El símbolo de una injusticia
El caso de Bill May se convirtió en el argumento más citado por quienes defendían la apertura de la natación artística a la participación masculina. ¿Cómo podía justificarse que el mejor practicante de la disciplina en su género no pudiera competir en los mayores eventos del deporte? Era una exclusión que no tenía equivalente en otros deportes: en la gimnasia, en el atletismo, en la natación de velocidad, los hombres y las mujeres compiten en categorías separadas pero ambos tienen acceso al nivel más alto.
May hablaba públicamente sobre su situación con una elegancia notable: sin amargura evidente pero con una claridad que hacía evidente lo absurdo de la exclusión. Su figura se convirtió en un punto de referencia para el debate sobre género e inclusión en el deporte olímpico.
El retiro, el regreso y el título mundial de 2015
En 2004, May se retiró de la competición activa. Pasó la siguiente década en el mundo del espectáculo acuático profesional, actuando en shows y en producciones artísticas que le daban salida a su talento sin las limitaciones del reglamento deportivo.
En 2014, con 33 años, tomó una decisión que sorprendió al mundo del deporte: volvía a la competición. La razón era la inminente apertura de World Aquatics al dúo mixto. May sabía que la organización estaba a punto de aprobar la nueva categoría, y quería estar ahí cuando ocurriera.
En los Campeonatos del Mundo de Kazán 2015, el primer año en que el dúo mixto tuvo presencia en el programa oficial, Bill May y su compañera Christina Jones ganaron la primera final de dúo mixto de la historia de los Campeonatos del Mundo. Con 34 años, May se convirtió en el primer hombre campeón del mundo de natación artística.
El legado
La historia de Bill May va más allá de sus logros deportivos. Su carrera de lucha silenciosa por el reconocimiento de los nadadores masculinos en el deporte fue un factor relevante en el proceso que llevó a la FINA a abrir la competición y, eventualmente, a incluir el dúo mixto en los Juegos Olímpicos de París 2024.
Cada nadador que compite hoy en el dúo mixto olímpico es deudor, en parte, de la carrera de Bill May y de lo que ella representó: la demostración de que el talento y la dedicación no tienen género, y que el deporte debe encontrar la manera de reconocerlos.