La música en natación artística no es un simple acompañamiento: es una parte constitutiva de la actuación que determina su estructura, su carácter y su capacidad de impactar emocionalmente al jurado y al público. La relación entre el movimiento en el agua y la música que suena en el pabellón es uno de los criterios centrales de la puntuación artística. Una rutina que ignore la música y se limite a ejecutar elementos técnicos al margen de la partitura sonora será inevitablemente penalizada en la nota artística.
La interpretación musical va más allá de seguir el tempo: implica que las nadadoras expresen con su cuerpo el carácter emocional de la pieza, que los momentos de mayor dinámica coincidan con los elementos más impactantes de la coreografía y que las transiciones entre secciones musicales encuentren un reflejo coherente en el movimiento en el agua. Los mejores equipos crean la ilusión de que la música fue compuesta específicamente para su rutina y no al revés, logrando que la actuación tenga una coherencia artística total.
El proceso de montaje de una rutina sobre la música elegida es uno de los trabajos más complejos del cuerpo técnico. Primero se estructura la música en secciones según su carácter y tempo, luego se diseñan los elementos coreográficos para cada sección y finalmente se ajustan los tiempos hasta que el resultado es fluido y natural. Las temporadas de preparación de grandes competiciones internacionales implican decenas de versiones intermedias de la rutina hasta que la combinación entre música y movimiento es la óptima.