El trabajo bajo el agua es el lado invisible de la natación artística, y precisamente esa invisibilidad es parte de su atractivo. Lo que el espectador ve desde las gradas es un cuerpo que emerge del agua como si la gravedad no existiera, o una nadadora que vuela brevemente en el aire antes de regresar al agua. Lo que no ve es el complejo trabajo subacuático de dos, tres o más nadadoras completamente sumergidas que han generado ese impulso con una coordinación milimétrica y sin posibilidad de respirar durante el proceso.
El entrenamiento del trabajo subacuático es una de las especialidades más exigentes de la natación artística. Las nadadoras que asumen roles de base o propulsora en los elementos acrobáticos deben desarrollar una capacidad anaeróbica excepcional, combinada con la potencia explosiva necesaria para lanzar a una compañera. Este perfil físico es diferente al de las nadadoras «volantes», que necesitan más agilidad, orientación en el espacio y capacidad de entrada al agua. Los equipos de alto nivel distribuyen los roles según las características individuales de cada integrante.
La coordinación del trabajo subacuático entre varias nadadoras se basa en una comunicación no verbal establecida durante el entrenamiento: contactos táctiles, posiciones relativas y secuencias de movimiento que actúan como señales de coordinación. Cuando este sistema funciona a la perfección, el resultado en superficie parece mágico; cuando falla, la acrobática se desintegra y la nota de dificultad se resiente. La fiabilidad del trabajo subacuático en condiciones de competición es, junto con la elevación, el indicador más claro del nivel técnico de un equipo de natación artística.