La apertura de la natación artística a la participación masculina fue uno de los debates más intensos del deporte en la primera década del siglo XXI. Durante décadas, el deporte fue exclusivamente femenino en la competición internacional, aunque los hombres habían practicado el water ballet —precursor del deporte— desde sus orígenes. La incorporación del dúo mixto en el programa olímpico de París 2024 cerró un capítulo histórico y abrió otro nuevo.
Historia de la participación masculina
Los hombres siempre han practicado la natación artística, pero su presencia en la competición internacional fue durante mucho tiempo marginal o inexistente. El pionero más notable fue el estadounidense Bill May, considerado el mejor nadador masculino de natación artística de la historia, que compitió a nivel nacional e internacional durante los años noventa y dos mil pero nunca pudo participar en unos Juegos Olímpicos porque la disciplina era exclusivamente femenina.
La FINA (actual World Aquatics) fue ampliando gradualmente las oportunidades de competición masculina. En 2015 dio el paso definitivo al aprobar el dúo mixto como categoría oficial en los Campeonatos del Mundo. En los primeros años, pocas naciones tenían nadadoras y nadadores preparados para competir al más alto nivel en esta categoría, pero su crecimiento fue rápido.
El dúo mixto en los Juegos Olímpicos de París 2024
La inclusión del dúo mixto en el programa olímpico de París 2024 fue un hito histórico para el deporte. Por primera vez en la historia olímpica, un hombre participaba en la competición de natación artística. La noticia generó tanto entusiasmo entre los defensores de la apertura del deporte como polémica entre quienes argumentaban que la categoría masculina tenía aún poco recorrido competitivo.
En París, los países que más destacaron en el dúo mixto fueron aquellos con mayor tradición en la disciplina: China, Japón y varios países europeos. La categoría demostró un nivel técnico y artístico muy alto desde su debut olímpico.
Las diferencias físicas y su impacto en la coreografía
La presencia de un hombre en el dúo mixto cambia dinámicas coreográficas importantes. Los nadadores masculinos suelen tener mayor fuerza explosiva y capacidad para lanzar y sostener a la compañera en elevaciones. Esto permite diseñar rutinas con elementos acrobáticos de mayor espectacularidad: lanzamientos más altos, pilas con mayor margen de estabilidad y figuras que explotan la diferencia de tamaño y fuerza.
Los criterios de puntuación son idénticos a los del dúo femenino: ejecución, impresión artística y dificultad. No existe ninguna bonificación ni penalización específica por la composición de género del dúo.
La polémica sobre la paridad
La incorporación masculina no fue recibida de forma unánime. Algunos argumentaban que crear categorías específicas para hombres en un deporte históricamente femenino podría reducir las plazas disponibles para mujeres en el programa olímpico, ya limitado. Otros señalaban que la natación artística siempre había tenido practicantes masculinos y que su exclusión de la competición olímpica era una anomalía histórica que debía corregirse.
El debate refleja tensiones más amplias sobre la inclusión de género en el deporte y sobre cómo equilibrar tradición, espectacularidad y representación en el programa olímpico.