Cuando los Juegos Olímpicos llegaron a Australia en el año 2000, el país ya tenía preparado su héroe: Ian Thorpe, un adolescente de diecisiete años con pies de talla 54 y una capacidad para nadar los 400 metros libres que los expertos comparaban con lo que Usain Bolt representaría más tarde para el atletismo. “El Torpedo” fue el símbolo de una generación dorada del deporte australiano.
Los inicios: Milperra y el agua como destino
Ian James Thorpe nació el 13 de octubre de 1982 en Milperra, un suburbio del suroeste de Sídney. Su hermana Christina nadaba en el club local, y fue ella quien arrastró a Ian a la piscina. Con nueve años comenzó a entrenar en serio, y con quince ya era el campeón australiano de 400 metros libres.
Su morfología era un regalo de la naturaleza: alto (188 cm), con un torso largo y extremidades que aprovechaban cada brazada al máximo. Pero sus pies —de talla 54, los más grandes en la historia del deporte de élite— eran su característica más llamativa y su mayor ventaja hidrodinámica. A los quince años, en el Campeonato del Mundo de Perth 1998, ganó el oro en los 400 metros libres convirtiéndose en el campeón mundial más joven de la historia del deporte.
Logros y récords: una adolescencia dorada
Ian Thorpe llegó a los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 con el peso de las expectativas de todo un país. Respondió ganando tres oros: 400 metros libres, relevo 4x100 y relevo 4x200. En el 400, estableció un nuevo récord mundial que pulverizó su propia marca anterior.
Entre sus logros más notables destaca la temporada 2001-2002, en la que ganó el Campeonato del Mundo de Fukuoka con cinco oros, una actuación que muchos compararon con la de Spitz en Múnich. Estableció récords mundiales en los 200, 400 y 800 metros libres en un período de apenas doce meses.
En Atenas 2004 añadió dos oros más (200 y 400 metros libres), completando un palmarés olímpico de nueve medallas que le convierte en el nadador australiano más laureado de la historia.
Estilo y legado: potencia y elegancia en perfecta armonía
El estilo de Thorpe en crol era una combinación de potencia bruta y elegancia técnica. Su brazada era larga y profunda, aprovechando al máximo cada tirón para generar una propulsión que pocos podían igualar. La frecuencia de brazada era relativamente baja —en las pruebas de 400 metros— pero cada ciclo producía un avance mayor que el de cualquier rival.
Sus giros eran igualmente memorables: acometía la pared con una velocidad de aproximación tan alta que los cronómetros mostraban salidas de giro que parecían de pruebas de velocidad, no de fondo.
Thorpe fue también uno de los primeros nadadores en cuidar de manera sistemática la hidrodinámica de su posición en el agua, trabajando con especialistas en biomecánica acuática antes de que esto se convirtiera en práctica estándar en el alto rendimiento.
Impacto en Australia y el deporte mundial
Ian Thorpe fue en los años 2000 lo que Mark Spitz había sido en los setenta para Estados Unidos: el nadador que convertía cada carrera en un acontecimiento nacional. En Australia, sus apariciones en televisión durante los Juegos de Sídney congregaron a millones de espectadores en una nación que ya vivía el deporte con intensidad.
Su retiro prematuro en 2006, a los veinticuatro años, y el posterior intento de regreso en 2012 que no llegó a fructificar fueron seguidos con una atención mediática que demuestra el nivel de su impacto cultural. Thorpe es hoy embajador de varias causas sociales en Australia, donde su figura sigue siendo enormemente respetada.