Hay momentos en el deporte que no se recuerdan por el resultado en el marcador, sino por lo que significan. El backflip de Surya Bonaly en los Juegos Olímpicos de Nagano 1998 es uno de esos momentos: un gesto que duró menos de dos segundos y que lleva más de veinticinco años siendo contado.
Una carrera marcada por la controversia
Surya Bonaly llegó al patinaje artístico con un bagaje inusual: hija de padres adoptivos franceses de origen reunionés, fue gimnasta antes de hacerse patinadora. Su transición al patinaje artístico en la adolescencia le dejó un atletismo fuera de lo común: saltaba más alto, giraba más rápido, caía con más potencia que prácticamente cualquier otra patinadora de su época.
Ganó cinco títulos europeos consecutivos entre 1991 y 1995. Sin embargo, en los Campeonatos del Mundo, a pesar de sus actuaciones técnicamente superiores en muchos aspectos, quedó tres veces con la medalla de plata. La sensación en el mundo del patinaje —compartida por muchos expertos— era que sus notas de presentación artística no reflejaban la calidad de su actuación.
En los Juegos Olímpicos de Lillehammer 1994, Bonaly quedó segunda en el programa corto pero solo quinta en la clasificación final, detrás de la ucraniana Baiul que presentó un programa con menos dificultad técnica. Bonaly, furiosa, lloró en el podio y llegó a rechazar en un primer momento ponerse la medalla de plata, un gesto que le valió críticas pero también comprensión de parte de quienes veían un sistema injusto.
Nagano 1998: el último gran escenario
Cuatro años después, en los Juegos de Nagano, Bonaly llegó con 24 años y una lesión del tendón de Aquiles que la había limitado durante la temporada. En el programa corto, una caída la hundió a la última posición entre las finalistas. Cuando comenzó el programa libre, sabía perfectamente que no tenía nada que ganar en términos de medallas.
A mitad de su programa libre, ante el público japonés que la adoraba, Surya Bonaly ejecutó un backflip. No solo eso: lo hizo con una sola mano, algo que ningún patinador había conseguido nunca. Aterrizó sobre el filo del patín derecho, no sobre la punta (aunque técnicamente la ISU considera que el aterrizaje no es sobre el filo correcto de todas formas). El público del pabellón Makomanai rugió.
Los jueces, obligados por el reglamento, aplicaron la penalización correspondiente. Bonaly lo sabía y no le importó.
El significado del gesto
El backflip de Bonaly en Nagano es analizado desde entonces como un acto de protesta consciente contra un sistema que ella sentía que nunca la había valorado justamente. En lugar de patinar de forma discreta y terminar su programa con la cabeza baja, eligió ejecutar el elemento más espectacular que sabía hacer —y que nadie más sabía hacer— delante del mundo, aunque eso le costara puntos.
Fue, en la lectura más simbólica, un patinadora diciéndole al sistema de puntuación: “¿No queréis darme puntos? Pues yo voy a hacer esto, que nadie más puede, y que el público recordará cuando vuestras notas estén olvidadas.”
El legado de Surya Bonaly
Surya Bonaly terminó su carrera amateur después de Nagano y se convirtió en patinadora profesional, participando en shows y espectáculos donde el backflip era el elemento estrella de sus actuaciones. Sigue siendo considerada por muchos aficionados como el talento más injustamente tratado de la historia del patinaje artístico femenino.
En 2021, la marca deportiva Nike la incluyó en una campaña publicitaria de celebración de los Juegos Olímpicos de Tokio, utilizando el backflip de Nagano como imagen de lo que significa competir por algo más grande que una medalla.