El patinaje artístico femenino de la primera mitad del siglo XXI tuvo una rivalidad que lo definió como ninguna otra: la coreana Kim Yuna contra la japonesa Mao Asada. Dos estilos, dos países, dos filosofías del patinaje, y una rivalidad que convirtió cada competición en un acontecimiento global.
Dos estilos opuestos
Kim Yuna y Mao Asada no solo eran rivales: eran también el contraste más vívido posible dentro del patinaje artístico de alto nivel.
Kim Yuna —conocida como “Queen Yuna” en Corea— era la perfección técnica en estado puro. Sus saltos eran de una limpieza y una consistencia asombrosas: despegues desde el filo correcto, rotaciones completas, aterrizajes estables. El sistema IJS, que premia la calidad de ejecución, le era favorable al máximo: sus GOEs eran sistemáticamente los más altos de la competición. Sus programas combinaban musicalidad, presencia escénica y elegancia en un conjunto de una coherencia artística difícil de encontrar en el deporte.
Mao Asada era la audacia técnica llevada al extremo. Su elemento diferenciador era el Axel triple, el salto más difícil del patinaje femenino, que dominaba de forma rutinaria. En Vancouver 2010 lo ejecutó tres veces en el programa libre —algo sin precedentes en los Juegos Olímpicos—, pero la diferencia técnica global frente a Kim Yuna era demasiado grande para que esa hazaña le alcanzara para el oro. Su estilo era más emocional e instintivo, con altibajos que la acompañaron durante toda su carrera.
El clímax: Vancouver 2010
Los Juegos Olímpicos de Vancouver 2010 fueron el gran escenario de su rivalidad. Kim Yuna llegó como gran favorita tras dominar la temporada; Asada venía de un año difícil pero con el Axel triple como arma secreta.
En el programa corto, Kim Yuna rompió el récord mundial con una actuación de prácticamente ejecución perfecta. En el programa libre, Asada ejecutó sus tres Axels triples —un logro histórico— pero con más errores generales. Kim Yuna respondió con otro programa casi impecable.
El resultado fue inapelable: oro para Kim Yuna con 228,56 puntos totales, un nuevo récord mundial. Plata para Mao Asada. Las dos actrices principales de la rivalidad se habían superado a sí mismas en el momento más grande, y la patinadora más consistente ganó.
Los años siguientes y los Juegos de Sochi 2014
La rivalidad continuó durante los cuatro años siguientes, con Asada ganando el Campeonato del Mundo 2010 (Kim Yuna no participó) y ambas alternando victorias en diferentes torneos.
En los Juegos de Sochi 2014, Kim Yuna aspiraba a repetir oro, pero los jueces otorgaron el oro a la rusa Adelina Sotnikova en una decisión que generó enorme controversia —muchos espectadores y expertos consideraron que Kim Yuna había sido mejor— y que añadió otra capa a la historia del patinaje artístico de esa era. Asada vivió el mayor drama de su carrera en el mismo torneo: cayó en el programa corto al final de la tabla, y respondió con uno de los programas libres más emocionantes de su carrera para remontar hasta la sexta posición.
El legado de una rivalidad
Kim Yuna y Mao Asada transformaron el patinaje artístico femenino en un deporte de seguimiento masivo en Asia. En Corea del Sur y Japón, las audiencias televisivas de las competiciones en las que participaban rompían todos los récords. Su rivalidad elevó el nivel técnico y artístico de la disciplina y ambas son hoy reconocidas como dos de las patinadoras más importantes de la historia del deporte.