Pocos deportes tienen raíces tan profundamente ligadas a la geografía de un país como el patinaje de velocidad y los Países Bajos. La red de canales que cubre Holanda y Frisia, construida durante siglos para gestionar las aguas de un país que en gran parte se halla bajo el nivel del mar, se convirtió en invierno en la primera autopista del patinaje.
Los primeros patines
Los patines más antiguos encontrados en Europa datan de hace más de 3.000 años y están hechos de huesos de animales (principalmente fémures de caballo y vaca) afilados. Estos artefactos se han encontrado en Holanda, Escandinavia y en zonas de la Europa central, lo que sugiere que deslizarse sobre superficies heladas fue una práctica extendida en las culturas del norte desde la prehistoria.
Sin embargo, estos huesos no cortaban el hielo sino que simplemente deslizaban sobre él con poca fricción. Los patines de metal, que permiten un corte limpio y una propulsión eficaz, aparecen documentados en los Países Bajos a partir del siglo XIII. Las primeras hojas eran simples tiras de hierro unidas a las botas con correas.
Los canales como infraestructura de transporte
En los siglos XIV y XV, los canales helados de Holanda y Frisia se convirtieron en vías de comunicación invernales. Los comerciantes, mensajeros y aldeanos patinaban decenas de kilómetros para llevar mercancías, noticias y personas entre las poblaciones de la zona, especialmente en los inviernos más crudos cuando los caminos eran intransitables.
Esta necesidad práctica hizo del patinaje una habilidad universal en la región, algo tan cotidiano como montar en bicicleta lo es hoy. Los frisones, en particular, desarrollaron una técnica de patinaje muy eficiente para recorrer grandes distancias con el mínimo esfuerzo: la misma técnica de zancada larga y postura inclinada que, con refinamientos tecnológicos, sigue siendo la base del patinaje de velocidad moderno.
Las primeras competiciones
A medida que el patinaje se hacía popular como actividad recreativa, surgieron naturalmente las competiciones. La primera competición documentada de la que se tiene registro formal se celebró en Frisia en 1676: un grupo de patinadores compitió en una prueba de distancia sobre el canal, con el ganador recibiendo un premio en metálico.
Durante los siglos XVII y XVIII, las competiciones se multiplicaron por toda la región, con formatos variados: carreras de velocidad pura, pruebas de distancia y competiciones mixtas. Las apuestas entre los espectadores eran parte habitual del espectáculo.
El Elfstedentocht: la carrera mítica
La expresión más grandiosa de la tradición patinadora holandesa es el Elfstedentocht («carrera de las once ciudades»), una prueba de aproximadamente 200 kilómetros que recorre los canales que unen once ciudades de Frisia. La primera edición oficial se celebró en 1909, aunque la tradición de recorrer este circuito es mucho más antigua.
El Elfstedentocht solo puede celebrarse cuando el hielo de los canales tiene el grosor mínimo de seguridad (15 cm en todo el recorrido), lo que en el clima actual ocurre muy raramente. La última edición se disputó en 1997, convirtiendo cada posible celebración en un evento nacional de primera magnitud.
Del canal a la pista cubierta
La transición del patinaje en canales naturales a las pistas artificiales cubiertas fue gradual. Las primeras pistas artificiales refrigeradas aparecieron a finales del siglo XIX, y las primeras competiciones internacionales organizadas se celebraron en los años 1880. El Campeonato del Mundo de patinaje de velocidad se celebra ininterrumpidamente desde 1893, lo que lo convierte en uno de los campeonatos del mundo más antiguos del deporte.