Los 1.500 metros son la décima y última prueba del decatlón. La carrera llega después de nueve disciplinas disputadas en dos días, con los atletas en un estado de fatiga acumulada que dificulta cualquier análisis objetivo de sus propias capacidades. Y sin embargo, es en esa décima prueba, precisamente en ese momento de agotamiento extremo, donde el resultado final del decatlón puede cambiar de forma radical.
El estado de los atletas en los 1.500m
Cuando los decatletas llegan a los 1.500 metros finales, llevan ya más de 30 horas de competición. Han corrido los 100m, saltado en longitud, lanzado el peso, saltado en altura, corrido los 400m el primer día; y al día siguiente ya han corrido los 110m vallas, lanzado el disco, saltado con pértiga, lanzado la jabalina. El cuerpo no está preparado para un esfuerzo aeróbico intenso.
El resultado es una carrera extraña: los 1.500m del decatlón se corren bastante más lento que un 1.500m de especialidad, con tiempos habituales entre 4:00 y 4:50. Pero incluso esa diferencia de 50 segundos puede representar una diferencia de varios cientos de puntos en la clasificación general.
El cálculo táctico
Lo que hace especialmente apasionantes los 1.500m del decatlón es el cálculo táctico en tiempo real. Antes de que comience la carrera, todos los atletas conocen exactamente cuántos puntos tienen y cuánto necesitan para ganar o para alcanzar el podio.
Gracias a las tablas de puntuación de World Athletics, los entrenadores pueden decirle al atleta exactamente el tiempo que necesita en los 1.500m para subir al podio, para ganar el oro, para superar al rival que lleva 200 puntos de ventaja. La carrera se convierte así en un ejercicio de matemáticas con las piernas.
Momentos históricos
En Montreal 1976, Bruce Jenner necesitaba correr los 1.500m en un tiempo determinado para batir el récord del mundo. Lo hizo con exactitud casi milimétrica.
En Los Ángeles 1984, Daley Thompson necesitaba exactamente 4:34,98 o menos para igualar el récord del mundo de Hingsen. Corrió 4:35,00 —dos centésimas más lento— pero igualmente alcanzó el récord por la recalculación posterior de las tablas.
En Talence 2018, Kevin Mayer llegó a los 1.500m sabiendo que ya tenía el récord del mundo asegurado, pero la diferencia exacta dependía de su tiempo final. Corrió 4:36,11, sumando 610 puntos para un total de 9.126.
La prueba más mental
Los entrenadores de pruebas combinadas coinciden en que los 1.500m son tanto una prueba física como mental. Después de dos días de competición, el mayor reto no es físico sino psicológico: encontrar la motivación para seguir corriendo cuando el cuerpo pide detenerse. Los decatletas que mejor gestionan ese momento —y que mantienen la concentración en el tiempo objetivo hasta el final de la carrera— son los que frecuentemente mejoran su clasificación en los últimos metros.