Durante gran parte del siglo XX, el atletismo olímpico fue oficialmente un deporte amateur: los atletas no podían cobrar dinero por competir sin perder su elegibilidad olímpica. Este principio, heredado del ideal olímpico del barón de Coubertin, tuvo consecuencias profundas en cómo se entrenaban y vivían los decatletas y heptatletas.
El amateurismo y sus consecuencias
En la era del amateurismo estricto —aproximadamente hasta los años 80— un decatleta que quisiera dedicarse plenamente a su deporte debía buscarse la vida de otras formas: una beca universitaria, un trabajo público que le diera tiempo libre para entrenar, patrocinios encubiertos a través de equipamiento deportivo. Las reglas del amateurismo eran aplicadas de forma desigual y muchas veces hipócrita.
El caso más extremo y trágico fue el de Jim Thorpe, despojado de sus medallas de los Juegos de Estocolmo 1912 por haber cobrado una pequeña cantidad de dinero jugando al béisbol semiprofesional antes de los Juegos. Thorpe era el atleta más completo del mundo, pero las reglas del amateurismo lo penalizaron por necesitar dinero para vivir.
El modelo soviético y de Europa del Este
Los países del bloque soviético resolvieron la contradicción del amateurismo de forma diferente: sus atletas eran oficialmente soldados, policías o trabajadores estatales, pero en realidad se dedicaban al atletismo a tiempo completo con patrocinio estatal. Esto les daba una ventaja competitiva en la preparación frente a los atletas de países capitalistas que debían combinar el entrenamiento con el trabajo.
En los combinados, esto se reflejó en el dominio de la RDA en el heptatlón femenino durante los años 70 y principios de los 80.
La transición al profesionalismo
A partir de los años 80, el Comité Olímpico Internacional fue flexibilizando gradualmente las normas del amateurismo. En 1992, los Juegos de Barcelona supusieron prácticamente la apertura total a los atletas profesionales. Desde entonces, los decatletas y heptatletas de élite pueden vivir de su deporte a través de patrocinios, premios en metálico en meetings y contratos con marcas deportivas.
Esta transición mejoró significativamente el nivel de las marcas: atletas que antes debían compatibilizar el entrenamiento con un trabajo ahora pueden entrenar el doble de tiempo y con mayor calidad.
El impacto en las marcas
La progresión de los récords del mundo del decatlón ilustra perfectamente el impacto del profesionalismo:
- 1976 (era amateur): Bruce Jenner, 8.617 puntos.
- 1984 (transición): Daley Thompson, 8.798 puntos.
- 2001 (era profesional): Roman Šebrle, 9.026 puntos.
- 2015-2018 (profesionalismo pleno): Eaton 9.045 y Mayer 9.126 puntos.
La barrera de los 9.000 puntos, imposible en la era amateur, fue superada cuando los atletas pudieron dedicarse al entrenamiento de forma completamente profesional.