El jardín de Lafayette, Louisiana
En la ciudad de Lafayette, Louisiana, hay una casa en cuyo jardín trasero había un foso de arena. No era un foso de juego: era un foso de salto con pértiga, construido por Greg Duplantis, ex-pertiguista de la Universidad de Louisiana-Lafayette, para que sus hijos pudieran practicar desde casa.
Greg Duplantis era un hombre convencido de que la repetición y la exposición temprana a la técnica son los pilares de cualquier gran atleta. Cuando su tercer hijo, Armand —al que todos llamaban Mondo desde bebé— cumplió tres años, empezó a ponerle una pértiga de plástico en las manos y a enseñarle a saltar en el foso del jardín.
Lo que nadie podía imaginar entonces es que ese niño se convertiría, dos décadas después, en el mejor pertiguista de la historia.
Los vídeos de YouTube: la prueba del talento precoz
Uno de los aspectos más fascinantes del fenómeno Duplantis es que su infancia está documentada en YouTube. Su padre grababa sistemáticamente sus sesiones de entrenamiento desde pequeño, y parte de ese material se ha hecho viral.
En esos vídeos se puede ver a un niño de 6-7 años saltando con una coordinación y una fluidez técnica que la mayoría de adultos no alcanzan. No es solo el talento atlético bruto: es la naturalidad del movimiento, la forma en que su cuerpo integra la pértiga como si fuera una extensión natural. Eso no se enseña con unos meses de entrenamiento; es el resultado de años de repetición desde una edad en que el cerebro es extraordinariamente receptivo al aprendizaje motor.
La doble herencia: americana y sueca
Mondo Duplantis es el producto de dos culturas atléticas distintas:
La influencia americana: su padre Greg era pertiguista universitario en el sistema americano, que tiene una de las mejores tradiciones de pértiga del mundo. El enfoque técnico y competitivo de Greg está impregnado de la filosofia del deporte universitario americano: practicar mucho, competir mucho, mejorar sistemáticamente.
La influencia sueca: su madre Helena Hedlund era heptatleta de nivel nacional en Suecia, y trasladó a sus hijos valores de disciplina y profesionalidad propios del deporte escandinavo. Suecia tiene también una rica tradición de atletas de élite en pruebas individuales de pista y campo.
Mondo absorbió ambas influencias: la intensidad competitiva americana y la mentalidad metódica escandinava. El resultado fue un atleta con una capacidad de mejora continua que recuerda a Bubka y una disposición pública que recuerda a los mejores embajadores del deporte americano.
El hermano también salta
No fue solo Mondo quien saltó en ese foso del jardín. Su hermano mayor Andreas también fue un pertiguista de nivel nacional americano. El hermano mediano, Antoine, también compitió en pértiga. Los tres hermanos Duplantis saltaron con pértiga gracias al foso del jardín, aunque solo Mondo llegó a la élite mundial.
La historia de los hermanos Duplantis es una demostración práctica de la influencia del entorno temprano: los tres tuvieron las mismas condiciones de desarrollo, pero solo uno tenía el talento atlético y la combinación correcta de atributos físicos y mentales para alcanzar la cima.
De Louisiana a los Juegos Olímpicos
La progresión de Duplantis fue extraordinariamente rápida. A los 10 años ya había batido el récord del mundo juvenil. A los 15 saltaba más de 5 metros. A los 17 superaba los 5,90 metros. A los 19 competía por primera vez en los Juegos Olímpicos (Río 2016), aunque sin llegar a la final. A los 20 ganaba la plata en el Mundial de Doha. A los 20 años y 3 meses batía el récord del mundo.
La historia del foso del jardín de Lafayette no es solo una historia bonita de familia y deporte: es también la historia de cómo se crea un campeón. Con tiempo, con un entorno adecuado, con un padre que sabe lo que está enseñando y con un hijo que tiene el talento para hacer historia.