Pocos deportes han influido tanto en el MMA como el sambo. La conexión entre las tradiciones de lucha de las repúblicas exsoviéticas y la ascensión de los peleadores de esa región al más alto nivel del MMA internacional es uno de los fenómenos más fascinantes de la historia de los deportes de combate modernos. El tapiz circular donde se formaron generaciones de sambistas resultó ser el mejor campo de entrenamiento para la jaula del MMA.
Fedor Emelianenko: el legado del sambo en su forma más pura
Fedor Emelianenko es para muchos el mejor peleador de MMA de la historia. Durante más de una década fue el rey indiscutible de los pesos pesados, con un reinado de invicto de más de 28 combates que incluía victorias sobre los mejores peleadores del mundo de su época. Su estilo era una expresión de alto nivel del combat sambo: proyecciones devastadoras desde posición de pie, transiciones instantáneas al suelo, y un juego de sumisión extraordinariamente técnico que incluía tanto llaves articulares como estrangulaciones.
Lo que hacía único a Fedor era la síntesis: era igualmente peligroso de pie, en el derribo y en el suelo. Las proyecciones de sambo que ejecutaba con la soltura de un campeonato de sambo deportivo terminaban en la jaula con el rival aturdido, y entonces las llaves del combat sambo hacían el resto. Cuatro veces campeón mundial de combat sambo, Fedor demostró que el sambo no era solo un sistema de entrenamiento para el MMA, sino un sistema completo capaz de producir peleadores de talla mundial.
Khabib Nurmagomedov: el sambo daguestaní
Khabib Nurmagomedov es el campeón invicto de la UFC en peso ligero, con un récord de 29-0 que le convierte en uno de los peleadores más dominantes de la historia de la organización. Nacido en la región de Daguestán, en el corazón de una de las tradiciones de lucha más fuertes del mundo, Khabib comenzó a entrenar sambo —junto con judo y lucha libre— desde los cinco años de la mano de su padre, el entrenador Abdulmanap Nurmagomedov.
El estilo de Khabib en el MMA era un reflejo del sambo daguestaní en su forma más pura: agarres desde los que era prácticamente imposible escapar, presión constante, y el uso de las proyecciones y los controles del suelo para acumular daño sobre el rival. Campeón de Rusia y del mundo de sambo en categoría amateur, Khabib llevó directamente las habilidades del tapiz al octágono sin necesitar apenas adaptación técnica.
La escuela daguestaní: una potencia global
Daguestán —una pequeña república en el suroeste de Rusia— ha producido una concentración de peleadores de MMA de élite sin precedentes en el mundo. La razón es el sambo y la lucha libre: desde niños, los jóvenes daguestaníes compiten en sambo en un entorno extremadamente competitivo, con una cultura que venera a los campeones de lucha como héroes locales.
Además de Khabib, peleadores como Islam Makhachev —su sucesor como campeón de la UFC en peso ligero—, Makhachev, Umar Nurmagomedov, Zabit Magomedsharipov y decenas más proceden de este ecosistema marcial daguestaní donde el sambo es la base de todo.
El sambo como ventaja técnica en el MMA
La razón por la que el sambo produce tan buenos peleadores de MMA es técnica: el sambo enseña a combinar el pie con el suelo de forma fluida, sin separar los dos como hacen otros sistemas marciales. Un sambista que proyecta al rival no se detiene a evaluar la situación: la transición al suelo y al control es parte del mismo movimiento. Esta fluidez entre proyección y suelo es difícil de defender para quien no la ha visto de cerca, y la presencia de las llaves de pierna añade una amenaza que la mayoría de los peleadores de MMA no formados en sambo raramente enfrentan con tanta familiaridad.