En la historia del snooker hay grandes jugadores y hay Ronnie O’Sullivan. El jugador londinense, apodado “The Rocket”, ha llevado el deporte a un nivel de excelencia que sus contemporáneos reconocen abiertamente como irrepetible. Su zurda natural, su velocidad, su instinto para la posición y su capacidad para hacer del snooker un espectáculo lo sitúan en una categoría propia.
Los inicios prodigiosos
Ronnie O’Sullivan nació en 1975 en Wordsley, West Midlands, aunque creció en Essex y se identifica con Londres. Desde niño mostró una habilidad extraordinaria para el billar, y a los 10 años ya hacía century breaks. Se hizo profesional con 16 años y en su primer año en el circuito demostró que era diferente a todo lo visto antes.
Tiene la particularidad de ser ambidiestro: puede golpear con la misma eficacia con la mano derecha y con la izquierda. Su brazo natural es el derecho, pero usa la izquierda cuando la posición lo requiere para evitar el uso del resto. Esta capacidad le da ventajas posicionales que ningún otro jugador de la historia ha disfrutado.
El 147 de 1997: el momento que lo definió
El momento que lo catapultó a la leyenda llegó en el Campeonato del Mundo de 1997, cuando con solo 21 años completó el 147 más rápido de la historia: 5 minutos y 20 segundos. Y lo hizo de manera impensable: a mitad del break, con la mano izquierda, ante un público que empezó a aplaudir cuando todavía quedaban bolas por meter.
Lo extraordinario fue que, tras acabar el 147, O’Sullivan preguntó al árbitro si había un premio por el máximo break. Le respondieron que el premio estaba reservado para quien lo completara con las primeras rojas disponibles, que ese día no eran las que él había usado. O’Sullivan se molestó visiblemente: su actuación perfecta no recibiría la recompensa económica. El episodio resumió su relación complicada con las instituciones del snooker.
Los títulos mundiales y los períodos de ausencia
O’Sullivan ganó su primer título mundial en 2001 y sumó un total de 7 (también en 2004, 2008, 2012, 2013, 2022 y 2023), igualando y luego superando los 7 de Stephen Hendry. La duración de su carrera en la élite —más de tres décadas en el circuito profesional— no tiene precedente en el snooker moderno.
Sin embargo, su trayectoria no ha sido lineal. O’Sullivan ha tenido periodos de ausencia del circuito, motivados por problemas de salud mental que él mismo ha descrito públicamente. Ha hablado abiertamente de su lucha contra la depresión, y sus ausencias del snooker han coincidido con momentos de mayor dificultad personal. Esta honestidad sobre su salud mental lo ha convertido en un referente también fuera del deporte.
El estilo: velocidad y naturalidad
Lo que hace único a O’Sullivan no es solo su palmarés sino su forma de jugar. En un deporte donde la mayoría de jugadores miran la bola durante varios segundos antes de golpear, O’Sullivan a menudo se aproxima a la mesa y golpea casi sin pensar, como si el golpe correcto fuera obvio para él mientras que requeriría minutos de cálculo para cualquier otro.
Sus breaks fluyen de manera orgánica: no parece que esté resolviendo un problema geométrico sino simplemente ejecutando movimientos naturales. Esta capacidad para hacer difícil lo que aparece fácil es lo que lleva a jugadores como John Higgins y Mark Selby —dos campeones mundiales ellos mismos— a referirse a O’Sullivan como “diferente a todos los demás”.
El legado
Con más de 1.200 century breaks oficiales, 7 títulos mundiales, múltiples titles de la Triple Corona y décadas de dominio intermitente, O’Sullivan ha dejado una huella en el snooker que tardará generaciones en superarse. Es al snooker lo que Federer al tenis o Phelps a la natación: el punto de referencia absoluto.