Las out lines son las fronteras que definen el espacio tridimensional de juego en squash. A diferencia de la mayoría de deportes con campo delimitado en el suelo, en squash las líneas que determinan si una jugada es válida se encuentran en las paredes. Esta característica hace que la lectura del espacio de juego sea uno de los aspectos más exigentes del aprendizaje del deporte.
Las líneas forman un marco continuo alrededor de las cuatro paredes: la pared frontal tiene su límite superior, las laterales descienden en diagonal desde ese punto hasta conectar con la pared posterior, que tiene su propia línea a menor altura. Esta geometría crea una zona de juego que se estrecha hacia atrás, lo que significa que los golpes desde el fondo de la pista tienen menos margen vertical antes de ser declarados out.
Un golpe que sobrepase las out lines, además de costar el punto, suele revelar fallos técnicos concretos: abrirse demasiado en el swing, golpear con exceso de fuerza o perder el control del ángulo de impacto. Los entrenadores utilizan los errores de out como indicadores precisos de qué aspecto de la técnica necesita corrección, ya que cada tipo de out apunta a un problema diferente en la cadena de movimiento del jugador.