El tin es uno de los elementos más definitorios de la pista de squash y una fuente constante de tensión durante el juego. Se trata de una franja de chapa metálica, normalmente de color rojo o plateado, que recorre toda la anchura de la pared frontal en su parte inferior. La altura estándar en competición internacional es de 43 centímetros, aunque en variantes como el hardball squash las medidas pueden diferir.
Golpear el tin no es solo un error técnico: representa el límite más bajo al que puede llegar la pelota sin perder el punto. Los jugadores más experimentados usan esta restricción a su favor con el golpe llamado drop, enviando la pelota lo más cerca posible de la línea superior del tin para que bote pegada al suelo y sea prácticamente indevolvible. La delgada franja de juego válido entre la línea del tin y el suelo es lo que convierte al squash en un juego de precisión milimétrica.
En la práctica, el sonido del tin es parte del lenguaje sonoro de cualquier pista de squash. Aunque un impacto en el tin siempre implica la pérdida del punto, hay jugadores que deliberadamente apuntan muy cerca buscando el efecto psicológico sobre el rival, forzándole a anticipar que la pelota puede quedar pegada al suelo en cualquier momento.