El sumo nació antes de que existiera Japón tal como lo conocemos. Sus raíces se hunden en la mitología sintoísta y en los rituales agrarios de un pueblo que buscaba la comunicación con los dioses a través de la fuerza del cuerpo humano.
El combate de los dioses
El Kojiki y el Nihon Shoki, los dos textos más antiguos de la historia japonesa (ambos del siglo VIII d.C.), recogen el primer combate de sumo de la mitología japonesa. Takemikazuchi, el dios del trueno enviado por los dioses celestiales, y Takeminakata, el dios local de las tierras japonesas, combatieron para determinar quién controlaría el archipiélago. Este combate mítico no es simplemente una leyenda: es la declaración fundacional del sumo como actividad vinculada a los poderes divinos.
Los primeros combates históricos
Los registros históricos muestran que el sumo como combate ritual entre personas existía ya en el período Yayoi. Sin embargo, el primer combate históricamente documentado con nombre propio es el enfrentamiento entre Nomi no Sukune y Taima no Kehaya en el año 23 a.C., durante el reinado del Emperador Suinin. Nomi no Sukune ganó el combate y está considerado el padre fundador del sumo, una figura histórica venerada hasta hoy.
El sumo como ritual de la corte imperial
Durante el período Nara (710-794) y el período Heian (794-1185), el sumo se convirtió en un ritual fijo de la corte imperial japonesa. El Sumai no Sechie era el torneo anual celebrado en presencia del Emperador, en el que los mejores luchadores de las provincias del Imperio competían para demostrar su poder y pedir el favor divino para las cosechas. Este torneo era tanto un evento deportivo como una ceremonia religiosa y un espectáculo de poder político.
La conexión con el sintoísmo
El sumo y el sintoísmo son inseparables desde sus orígenes. Los primeros combates de sumo se realizaban en los recintos de los santuarios (jinja), ante los ojos de los kami (dioses sintoístas). La figura del luchador invocaba la fuerza divina de la tierra. Muchos de los rituales del sumo moderno, desde la purificación con sal hasta el dohyo-matsuri, tienen una raíz directa en estos rituales de santuario.
El sumo en los períodos medievales
Con el declive de la corte imperial y el ascenso de la clase guerrera (samurái) en los siglos XII y XIII, el sumo se transformó. Los señores feudales comenzaron a patrocinar a sus propios luchadores, y el sumo adquirió un componente de demostración de fuerza militar además del religioso. Muchos samuráis practicaban el sumo como parte de su entrenamiento marcial, y los grandes señores (daimyo) mantenían rikishi en sus cortes como símbolo de poder.