El dohyo es mucho más que un ring deportivo. Es un espacio sagrado donde confluyen siglos de tradición sintoísta, rituales de purificación y la intensidad extrema del combate. Entender el dohyo es entender el corazón mismo del sumo.
Dimensiones y construcción
El dohyo se construye sobre una plataforma cuadrada de arcilla especial llamada dohyo-tsuchi, compactada a mano por los yobidashi (los ayudantes de la Japan Sumo Association). La plataforma mide aproximadamente 6,7 metros de lado y se eleva entre 34 y 60 centímetros sobre el suelo del pabellón.
En la superficie de la plataforma se delimita el círculo de combate de 4,55 metros de diámetro mediante la tawara: una cuerda de paja de arroz trenzada, parcialmente enterrada en la arcilla. Esta cuerda actúa como el límite reglamentario del combate.
La tawara y sus excepciones
La tawara presenta una pequeña interrupción en cuatro puntos del círculo, dejando pequeños huecos a los lados y en los puntos cardinales. Esta particularidad no es un error de construcción: permite que un luchador que ya está prácticamente saliendo del círculo pueda apoyar un pie en la tawara y recuperar el equilibrio, generando esos momentos de remontada dramática que tanto entusiasman al público.
Las líneas de salida
En el interior del círculo hay dos líneas paralelas de arcilla blanca llamadas shikiri-sen, separadas aproximadamente 70 centímetros entre sí. Estas son las posiciones desde las que cada luchador inicia el combate en el tachi-ai, con los puños apoyados justo detrás de ellas.
El techo del dohyo
En los pabellones donde se celebran los torneos oficiales, el dohyo está coronado por un techo decorativo llamado yakata, colgado del techo del recinto. Este techo de estilo santuario sintoísta, con cuatro borlas de colores en sus esquinas (negro, verde, rojo y blanco) que representan las cuatro estaciones del año, es un elemento visual icónico del sumo.
El ritual de construcción
El dohyo no se construye de cualquier manera. La ceremonia del dohyo-matsuri, presidida por un sacerdote sintoísta, se celebra la noche anterior al inicio de cada basho. Se entierran bajo el centro del dohyo ofrendas rituales que incluyen arroz, sal, algas, tinta de calamar y nueces de ginkgo. Estas ofrendas consagran el espacio y piden la protección de los dioses para los luchadores y la pureza del combate.
Prohibición de entrada a las mujeres
Uno de los aspectos más controvertidos del dohyo es la prohibición tradicional de que las mujeres suban a él, basada en la creencia de que su presencia contaminaría la pureza del espacio sagrado. Esta norma ha generado polémicas importantes en la era moderna, especialmente cuando gobernantes o funcionarias han intentado subir al dohyo en eventos oficiales y han sido rechazadas por la Japan Sumo Association, organismo que mantiene la tradición a pesar de las críticas sociales.