Björn Borg es la figura más enigmática del tenis del siglo XX. Dominó el deporte con una frialdad que le valió el apodo de “Iceman” —el hombre de hielo—, acumuló 11 títulos de Grand Slam antes de cumplir 26 años y luego desapareció del tenis profesional de la misma manera que había llegado: sin dar demasiadas explicaciones. Su historia es la de un genio que eligió la perfección sobre la longevidad.
Infancia y el descubrimiento del tenis
Björn Rune Borg nació el 6 de junio de 1956 en Södertälje, Suecia, en el seno de una familia de clase media. Descubrió el tenis a los nueve años, cuando su padre ganó una raqueta en un torneo de ping-pong y se la regaló. El joven Björn empezó a golpear pelotas contra la pared del garaje durante horas y horas, desarrollando la obsesión que marcaría toda su carrera.
A los trece años ya era el mejor júnior de Suecia. A los quince compitió en Copa Davis. Con dieciséis ganó el título júnior en Wimbledon. La trayectoria de su formación fue meteórica, y a los diecisiete años debutó en el cuadro principal de Roland Garros, donde llegaría a ser rey indiscutible.
El dominio en tierra y la hierba: la paradoja táctica
Lo que hace a Borg singularmente fascinante en términos técnicos es que dominó en dos superficies radicalmente opuestas: la tierra batida de Roland Garros y la hierba de Wimbledon. Estas dos superficies favorecen estilos de juego antagónicos —la tierra batida favorece al jugador de fondo, la hierba al atacante de red—, y sin embargo Borg ganó seis veces en París y cinco en Londres.
Su juego en tierra batida era el de un especialista de fondo con un topspin brutal en la derecha y el revés, y una resistencia física que le permitía sostener los puntos más largos sin acusar el cansancio. En hierba, adaptaba su juego hacia adelante con una habilidad táctica que desconcertaba a sus rivales.
Los cinco Wimbledon consecutivos (1976-1980)
El logro más extraordinario de la carrera de Borg fue ganar cinco ediciones consecutivas de Wimbledon entre 1976 y 1980. Nadie antes ni después ha ganado cinco Wimbledon seguidos en la era abierta del tenis masculino. En esos cinco años, Borg perdió apenas cinco sets en todo el torneo, un nivel de dominancia que los estadísticos del tenis siguen citando como el más alto sostenido en la historia del Grand Slam.
En la final de 1980, su victoria ante McEnroe en cinco sets, con el legendario tie-break del cuarto set, es considerada el partido más dramático de la historia de Wimbledon. Borg, impasible durante todo el encuentro, salvó las bolas de campeonato de McEnroe con la misma frialdad que habría mostrado en un entrenamiento.
La retirada: el misterio del hombre de hielo
En enero de 1983, Borg comunicó su retirada del tenis profesional. Tenía 26 años y era el número 1 del mundo. La noticia sorprendió al mundo del tenis, que esperaba aún una década de reinado del sueco.
Sus intentos de regreso en los años noventa, equipado con una raqueta de madera anacrónica, fueron anecdóticos y revelaron que el Borg de los ochenta no podía recuperarse. La explicación más repetida de su retirada es psicológica: era un perfeccionista que no podía aceptar la decadencia gradual que todo deportista sufre, y prefirió el vacío a la mediocridad.
Legado: el origen del tenis moderno
El impacto de Borg en el tenis sueco fue transformador. Antes de él, Suecia era un país sin tradición tenística relevante. Después, produjo a Stefan Edberg, Mats Wilander y una generación entera de campeones. Borg fue la semilla del que se conocería como el “boom del tenis sueco”.
Su influencia técnica también fue decisiva. El uso intensivo del topspin y el juego de fondo que Borg popularizó son la base del tenis moderno.