El ace es uno de los golpes más espectaculares del tenis y el que más directamente recompensa la potencia y la precisión en el saque. Ocurre cuando el servidor lanza la pelota de forma tan precisa y rápida que el receptor no consigue alcanzarla antes de que bote dos veces. El punto se anota al servidor sin intercambio alguno.
Para que un golpe cuente como ace, se deben dar dos condiciones: la pelota debe haber caído dentro del cuadro de servicio correcto (no puede ser un saque largo, ancho o en la red) y el receptor no debe haber tocado la pelota en ningún momento. Si el receptor roza la bola aunque no la devuelva, el punto sigue siendo del servidor pero no se computa como ace en las estadísticas.
Los jugadores más altos suelen tener ventaja en este apartado por el ángulo de entrada que consiguen con su saque. Además del poder bruto, el ace requiere colocación: los saques planos al palo central en el primer saque o los saques al cuerpo y al exterior en el segundo son los más habituales. Jugadores como Pete Sampras, Andy Roddick o Roger Federer usaron el ace como arma táctica clave durante sus carreras, no solo como exhibición de potencia sino como herramienta para mantener su saque seguro en momentos de presión.