El break es el evento más decisivo de un set de tenis. En el tenis profesional, especialmente en superficies rápidas, los jugadores ganan casi siempre sus propios juegos de saque: la ventaja del servidor es real y estadísticamente significativa. Por eso, cuando un jugador consigue romper ese equilibrio y ganar un game siendo receptor, el impacto en el marcador —y en la moral de ambos jugadores— es enorme.
Conseguir un break requiere superar la ventaja natural del servidor: no solo ganar puntos sino hacerlo en el momento más difícil, cuando el rival saca con confianza. Las situaciones de break point (el receptor tiene la oportunidad de quebrar el saque) son los instantes de máxima tensión en un partido. Un jugador que no es capaz de convertir sus break points suele acabar perdiendo el set aunque haya dominado el partido en términos de puntos totales.
El contrabreak —recuperar el saque inmediatamente después de haberlo perdido— es otro concepto fundamental: si un jugador es quebrado en el game 3 y contrabreakea en el game 4, el set vuelve a estar igualado. Los grandes campeones tienen la capacidad mental de reaccionar al break con un contrabreak casi automático, como si convirtieran la pérdida en energía. Rafael Nadal es quizá el jugador de la era moderna con mayor capacidad para contrabreakear bajo presión en momentos decisivos.