La baseline es mucho más que una línea física: define un estilo de juego, un enfoque táctico y una filosofía sobre cómo se deben ganar los puntos en el tenis moderno. Los jugadores de baseline —los que construyen sus puntos desde el fondo de la pista con intercambios largos— dominan el tenis profesional desde los años 80, cuando la tierra batida y el topspin pesado se convirtieron en la base del circuito.
Técnicamente, la baseline es la delimitación trasera de la zona de juego: una pelota que bota más allá de ella en el campo del rival es válida para quien la golpeó, pero si es la pelota propia la que cae detrás, el punto es para el contrario. El saque debe ejecutarse desde detrás de la línea, sin pisarla: un foot fault ocurre cuando el pie del jugador toca o cruza la línea antes de golpear la bola.
El juego desde la baseline ha evolucionado enormemente. En la era de Björn Borg o Ivan Lendl era principalmente defensivo y de desgaste. Con jugadores como Andre Agassi y luego Rafael Nadal o Novak Djokovic, el fondo de pista pasó a ser una posición de ataque desde la que se puede dominar el punto con golpes ganadores o con una presión constante que obliga al rival al error. La capacidad de mantenerse en la baseline bajo presión y seguir construyendo el punto es una de las habilidades más valoradas en el tenis contemporáneo.