La diana de tiro con arco es uno de los iconos visuales más reconocibles del deporte olímpico. Sus círculos concéntricos de colores —blanco, negro, azul, rojo y amarillo— siguen un código cromático estandarizado por World Archery que se aplica en competiciones de todo el mundo. La diana no es solo un objetivo: es una herramienta de medición milimétrica que convierte la puntería del arquero en un número preciso cada vez que una flecha la atraviesa.
El tamaño de la diana varía según la modalidad y la distancia. En la prueba olímpica de recurvo, la diana de 122 centímetros a 70 metros hace que el anillo de 10 puntos (el amarillo interior) mida 6,1 centímetros de diámetro visto desde la línea de tiro, un objetivo del tamaño aproximado de una moneda grande. A esa distancia y con las condiciones de viento habituales en competición al aire libre, acumular puntuaciones altas de forma consistente exige una combinación excepcional de técnica, concentración y gestión mental.
Las dianas se montan sobre soportes inclinados entre 10 y 15 grados hacia atrás para reducir los rebotes de las flechas al impactar. En torneos de élite, cada arquero tiene asignada su propia diana individual, numerada y sellada para evitar confusiones al anotar puntuaciones. Después de cada serie de tres flechas, los árbitros supervisan el proceso de extracción y anotación para garantizar la integridad del resultado. Las dianas de campo, las de interior y las olímpicas convencionales tienen tamaños y distribución de anillos diferentes, adaptados a las distancias y condiciones específicas de cada modalidad.