La flecha es el proyectil del tiro con arco y, aunque parezca el elemento más simple del equipamiento, sus especificaciones técnicas determinan en gran medida la precisión del disparo. Un mástil incorrecto para el arco del tirador puede provocar vuelos erráticos que ningún ajuste de la mira corregirá. Por eso los arqueros de competición dedican tiempo y dinero considerable a seleccionar y ajustar sus flechas con la misma atención que prestan al arco.
El mástil moderno de carbono mide habitualmente entre 27 y 32 pulgadas de longitud según la envergadura del arquero. La punta delantera pesa entre 80 y 125 grains según el tipo de competición, y su peso influye directamente en el momento de inercia frontal de la flecha, un parámetro que afecta a la estabilidad en vuelo. Las plumas traseras, que en competición indoor suelen ser de plástico termoplástico (vanes) y en outdoor pueden ser plumas naturales, se colocan a 120 grados entre sí formando un trío que imprime rotación estabilizadora al proyectil.
En los Juegos Olímpicos, la flecha viaja 70 metros hasta la diana en algo menos de un segundo. A esa distancia, el viento lateral puede desplazar el punto de impacto varios centímetros, lo que obliga a los arqueros a calcular y compensar la deriva del viento antes de cada disparo. El diámetro del mástil también tiene importancia táctica: flechas más delgadas tienen menos superficie expuesta al viento y mayor probabilidad de entrar en la zona de mayor puntuación cuando rozan el borde de un anillo.