El stance, o postura base, es el punto de partida de cualquier disparo técnicamente correcto en tiro con arco. Antes de tomar el arco, el arquero debe colocarse perpendicular a la diana con los pies separados a la anchura de los hombros, el peso distribuido equitativamente entre ambas piernas y las rodillas ligeramente desbloqueadas. Esta posición no es arbitraria: responde a principios biomecánicos que maximizan la estabilidad durante el proceso de tracción y puntería.
La relación entre los pies y la línea de tiro determina la orientación de toda la cadena corporal. En el stance abierto, preferido por la mayoría de competidores de élite, el pie más cercano a la diana se gira hacia ella entre 20 y 45 grados. Este giro abre la cadera y facilita que el hombro del arco no quede obstruyendo la línea de tracción de la cuerda. Una cadera cerrada obliga al arquero a tensar el torso de forma antinatural, lo que introduce tensión muscular innecesaria y reduce la consistencia.
El stance también tiene implicaciones en la gestión de la fatiga durante una competición larga. Una postura mal alineada carga músculos compensatorios que se fatigan antes de los musculares principales. En rondas de 72 flechas que duran más de dos horas, o en un torneo con múltiples combates en el mismo día, un stance eficiente puede marcar la diferencia entre mantener la puntuación al final de la sesión o experimentar una caída de rendimiento progresiva. Los arqueros de élite son capaces de reproducir exactamente su stance en cada disparo, incluso bajo presión extrema.