El touch rugby tiene sus raíces en los campos de entrenamiento australianos de mediados del siglo XX. Lo que comenzó como un juego informal para mantenerse en forma sin riesgo de lesiones se convirtió, en pocas décadas, en un deporte practicado por millones de personas en todo el mundo.
Los inicios en Australia
La historia del touch rugby comienza en Nueva Gales del Sur, Australia, a finales de los años 50 y principios de los 60. En aquella época, los clubes de rugby league buscaban formas de mantener a sus jugadores en forma durante la pretemporada y fuera de la temporada competitiva sin exponerlos a los riesgos de lesión del rugby convencional.
La solución fue sencilla pero brillante: jugar al rugby eliminando el placaje y sustituyéndolo por un simple toque con las manos. Este formato permitía practicar los movimientos del rugby, desarrollar la agilidad y trabajar la táctica de equipo sin el riesgo de lesiones por contacto.
Los primeros clubes y competiciones
A medida que el juego fue ganando popularidad, empezaron a organizarse partidos y pequeños torneos en parques y campos de fútbol de Sídney. Bob Dyke y Ray Warren son los nombres más asociados a la organización de las primeras competiciones estructuradas en los años 60.
En 1968 se disputó en Sídney lo que muchos consideran el primer campeonato formal de touch rugby, aunque las reglas todavía no estaban completamente unificadas y variaban de un torneo a otro.
La primera federación: 1972
El año clave en la historia del touch rugby es 1972, cuando se fundó en Australia la National Touch Association (hoy conocida como Touch Football Australia). Esta organización estableció por primera vez un reglamento unificado para todo el país y comenzó a organizar campeonatos nacionales con criterios homogéneos.
La creación de la federación nacional marcó la transición definitiva del touch rugby de actividad recreativa informal a deporte organizado con competiciones oficiales, reglas claras y estructura administrativa.
Expansión a Nueva Zelanda y el Pacífico
Durante los años 70 y 80, el touch rugby se extendió rápidamente a Nueva Zelanda y a las islas del Pacífico, regiones con una gran tradición rugbística. En estos países el deporte encontró un terreno especialmente fértil, ya que la cultura del rugby estaba muy arraigada en la sociedad.
Nueva Zelanda adoptó el touch rugby con tal entusiasmo que pronto se convirtió en uno de los países con más practicantes del mundo, rivalizando con Australia en los primeros torneos internacionales.
De Australia al mundo
Lo que comenzó como un ejercicio de entrenamiento en los suburbios de Sídney se convertiría en un fenómeno global. La sencillez de sus reglas, la ausencia de contacto físico y la facilidad para organizarlo en cualquier espacio verde lo convirtieron en el deporte ideal para comunidades de todo el mundo, independientemente de su tradición rugbística previa.