El touch rugby es un deporte australiano en todos los sentidos posibles: fue inventado en Australia, se desarrolló en Australia, tiene allí su mayor base de practicantes del mundo, y Australia ha ganado más Campeonatos del Mundo que ningún otro país. Esta coincidencia entre origen histórico y dominio deportivo sostenido es inusual en el deporte mundial —muchos deportes han dejado de ser dominados por sus países fundadores en pocas décadas— y dice mucho sobre la profundidad con la que Australia ha abrazado el touch como disciplina propia.
El dominio australiano en el Campeonato Mundial de Touch Rugby de la FIT tiene una explicación clara: ningún otro país se acerca siquiera a la base de practicantes del touch en Australia. Con más de medio millón de jugadores registrados, una red de competiciones que va desde los escolares hasta los veteranos de más de 60 años, y una federación —Touch Football Australia— con décadas de historia y experiencia organizativa, Australia produce un volumen de talento que es cualitativamente superior al de sus competidores. Los jugadores australianos que representan al país en el Mundial son, en muchos casos, atletas que llevan toda su vida jugando al touch en un entorno altamente competitivo: han pasado por ligas juveniles, competiciones universitarias y circuitos estadales antes de llegar a la selección nacional. Este bagaje competitivo acumulado es muy difícil de igualar para países donde el touch es una disciplina más pequeña y menos estructurada.
El reto para Australia en las últimas ediciones del Campeonato Mundial ha llegado principalmente de Nueva Zelanda e Inglaterra en las categorías de élite, e Irlanda ha dado sorpresas significativas en las categorías mixtas. El crecimiento del touch rugby en Europa y Asia ha ido reduciendo la brecha entre Australia y el resto del mundo, aunque el país oceánico sigue siendo el favorito en casi todas las categorías de cada edición del Mundial. El récord de títulos acumulados por Australia no es solo una estadística: es la expresión de seis décadas de desarrollo sistemático de un deporte que ese país considera suyo, con todas las responsabilidades y orgullo que esa paternidad implica.