En el verano austral de 1988, Sídney acogió un evento que marcaría para siempre la historia de uno de los deportes de equipo de más rápido crecimiento en el mundo: el primer Campeonato Mundial de Touch Rugby. Lo que comenzó como una competición modesta entre pocas naciones se convertiría, con el paso de los años, en el referente absoluto del touch rugby internacional.
El contexto: un deporte en busca de reconocimiento
Para entender la importancia del primer Mundial de 1988, hay que situarlo en el contexto del desarrollo del touch rugby hasta ese momento. El deporte había crecido en Australia a lo largo de las décadas anteriores, pasando de ser una actividad recreativa y de entrenamiento para jugadores de rugby union y rugby league a convertirse en un deporte con reglas propias, ligas organizadas y una creciente base de practicantes.
La Australian Touch Association, fundada en 1978, había sido el motor de este proceso de institucionalización. Hacia finales de los años ochenta, el deporte contaba ya con una estructura lo suficientemente sólida como para pensar en dar el paso al ámbito internacional: la organización de un campeonato del mundo que pusiera al touch rugby en el mapa global.
Las naciones participantes
El torneo de 1988 reunió a un grupo de naciones limitado, pero representativo del mundo del touch rugby de la época. Australia, como país anfitrión y origen del deporte moderno, era la gran favorita. Nueva Zelanda, con una fuerte tradición en todos los deportes derivados del rugby, era el principal rival. Papúa Nueva Guinea y otras naciones del Pacífico también estuvieron presentes en esta primera edición.
La participación estaba lejos de la amplitud que alcanzarían los mundiales posteriores —el torneo de 2019 en Kuala Lumpur reunió a más de 30 naciones y más de 2.000 jugadores—, pero fue suficiente para establecer el precedente de lo que debía ser la máxima competición del deporte.
Australia, primer campeón del mundo
Sobre las canchas de Sídney, Australia demostró ser el equipo más completo y ganó el primer título mundial en la categoría senior masculina. La victoria en casa, ante el público australiano, tuvo un valor simbólico enorme: confirmaba que el país que había desarrollado y exportado el touch rugby era también su mejor exponente en el nivel más alto de la competición.
La selección australiana mostró en ese primer torneo las características que la han definido durante décadas: velocidad, precisión en el pase, coordinación táctica y una intensidad defensiva que sus rivales tenían dificultades para sostener durante los 40 minutos de juego.
El legado del torneo inaugural
La celebración del primer Campeonato Mundial de Touch Rugby en 1988 fue el punto de inflexión que transformó el deporte de actividad regional a fenómeno internacional. A partir de ese año, las naciones comenzaron a organizar sus federaciones nacionales con la vista puesta en los mundiales venideros, y la Federación Internacional de Touch (FIT) encontró en el torneo su razón de ser más visible.
Cada edición posterior del Mundial amplió el número de participantes, el número de categorías disputadas y la proyección mediática del evento. El torneo de 1988 no fue solo una competición deportiva: fue el acto fundacional de un movimiento global que hoy agrupa a más de 60 países afiliados y a millones de practicantes en todos los continentes.
Las ediciones posteriores
Tras 1988, el Campeonato Mundial se celebró en distintas sedes: Australia volvió a organizar varias ediciones, pero el torneo también viajó a destinos como Irlanda y Malasia, reflejando el crecimiento del deporte fuera de su cuna australiana. En cada edición, la rivalidad entre Australia y Nueva Zelanda ha sido el hilo conductor de la competición, con ambas naciones disputando las finales más importantes del torneo.