Theodoor Johannes (Ted) Leyenaar nació en 1941 en los Países Bajos y pasó gran parte de su vida adulta estudiando las culturas precolombinas de Mesoamérica desde su posición en el Museo Nacional de Etnología de Leiden, una de las instituciones con mayor colección de arte precolombino fuera de América. Pero lo que lo distingue no es su trabajo sobre las civilizaciones muertas, sino su contribución a la supervivencia de una práctica viva: el ulama.
El investigador de Leiden
El Museo Nacional de Etnología de Leiden, fundado en 1837, conserva una de las mejores colecciones de arte y cultura precolombina de Europa. Leyenaar trabajó en este museo como investigador de las culturas mesoamericanas, desarrollando un conocimiento profundo del arte, la religión y la vida cotidiana de las civilizaciones que construyeron Tenochtitlan, Chichén Itzá y Monte Albán.
Su formación académica era la de un etnólogo especializado en Mesoamérica, y su enfoque combinaba el análisis de los objetos de la colección con el trabajo de campo directo en México y América Central. Esta combinación lo distinguía de muchos investigadores de su tiempo, que tendían a trabajar solo con material de archivo o solo con trabajo de campo.
El descubrimiento del ulama
Leyenaar llegó a Sinaloa por primera vez a finales de los años sesenta en el contexto de una investigación más amplia sobre las supervivencias del juego de pelota mesoamericano en el México contemporáneo. Los datos arqueológicos y las crónicas coloniales indicaban que el juego había sido practicado en todo México antes de la conquista, pero nadie sabía si había sobrevivido en alguna forma hasta el siglo XX.
Lo que encontró en Sinaloa lo sorprendió: el juego no solo sobrevivía, sino que era practicado activamente por varias familias en municipios como Mocorito y Navolato. Las reglas que estos jugadores aplicaban eran reconocibles como descendientes directas de las descritas en las crónicas coloniales del siglo XVI. Era, sin duda, el mismo juego.
La documentación exhaustiva
Leyenaar se embarcó en un programa de documentación meticuloso. Filmó partidos completos, registrando los movimientos de los jugadores, las interacciones sociales alrededor del juego y el ambiente de las comunidades practicantes. Entrevistó a los jugadores más veteranos, documentando no solo las reglas técnicas del juego sino también la historia oral de las familias y comunidades que lo habían mantenido vivo.
Su capacidad lingüística —aprendió español a un nivel que le permitía comunicarse con fluidez con los jugadores— y su actitud de respeto y curiosidad genuina fueron decisivas para ganarse la confianza de unas comunidades que no estaban acostumbradas a la atención de investigadores extranjeros.
El libro de 1978
En 1978, Leyenaar publicó Ulama: The Perpetuation in Mexico of the Pre-Spanish Ball Game Ullamaliztli (Rijksmuseum voor Volkenkunde, Leiden). Este libro es, todavía hoy, la obra académica de referencia sobre el ulama. En él Leyenaar documentó:
- Las reglas completas de las tres variantes del ulama (cadera, antebrazo y palo)
- La historia del juego desde sus orígenes olmecas hasta la práctica contemporánea en Sinaloa
- Las dimensiones y características de las canchas modernas
- Los equipamientos utilizados por los jugadores
- Las comunidades y familias que mantenían viva la práctica
La publicación del libro tuvo un efecto inmediato: puso el ulama en el mapa del mundo académico internacional y, a través de él, llegó a organizaciones culturales, medios de comunicación y gestores del patrimonio que no sabían de la existencia del juego.
La organización de torneos
Además de su trabajo de investigación, Leyenaar contribuyó activamente a la organización de torneos y eventos que reunían a jugadores de distintas comunidades. Su presencia y su apoyo logístico y moral fueron importantes para que los jugadores de Sinaloa se sintieran respaldados en sus esfuerzos por mantener viva la práctica.
Leyenaar también ayudó a conectar a las comunidades sinaloenses con organizaciones culturales e instituciones mexicanas que podían proporcionar apoyo más sostenible a largo plazo. Su rol fue el de conector entre el mundo académico y cultural internacional y las comunidades rurales de Sinaloa.
El legado
Ted Leyenaar falleció en 2017. Su trabajo es el punto de referencia obligado en cualquier discusión académica o cultural sobre el ulama. Las organizaciones que trabajan hoy por la preservación del deporte deben en parte su existencia al hecho de que Leyenaar documentó el juego con suficiente rigor y completitud como para que el mundo supiera que existía y que merecía ser preservado.
Es, en el pleno sentido de la palabra, el hombre sin el cual el ulama podría haber desaparecido sin dejar rastro en el mundo contemporáneo.