El ulama ostenta un récord que nadie querría tener: es posiblemente el deporte con menor número de practicantes activos del mundo entre aquellos que tienen una historia documentada significativa. Mientras el fútbol tiene más de 265 millones de practicantes registrados y el baloncesto supera los 450 millones, el ulama cuenta sus jugadores en centenares.
El censo de jugadores
Las estimaciones sobre el número de jugadores activos de ulama varían según la fuente y el año, pero los datos más fiables apuntan consistentemente a entre 100 y 200 personas en todo el mundo. Casi todas ellas se encuentran en el estado de Sinaloa, México, concentradas principalmente en los municipios de Mocorito y Navolato.
Esta cifra incluye jugadores de todas las variantes: ulama de cadera, de antebrazo y de palo. Si se cuenta solo el ulama de cadera —la variante principal y la más cercana al juego antiguo— el número puede ser incluso inferior.
La paradoja de la fama y el abandono
El ulama es conocido en el mundo académico, en los círculos culturales y entre los aficionados a la historia precolombina de una manera completamente desproporcionada a su número de practicantes. Documentales producidos en varios países europeos han llevado las imágenes del juego a audiencias de millones de personas. Artículos en publicaciones internacionales de referencia han explicado su historia extraordinaria.
Y sin embargo, apenas un centenar de personas en el mundo saben realmente jugarlo.
Esta paradoja refleja la diferencia entre el ulama como patrimonio cultural (ampliamente celebrado) y el ulama como práctica deportiva viva (críticamente amenazada). El reconocimiento cultural no se convierte automáticamente en nuevos jugadores, y sin nuevos jugadores el juego desaparece independientemente de cuántos artículos se publiquen sobre él.
La ventana temporal
Los investigadores que siguen el estado del ulama son unánimes en señalar que la próxima generación será decisiva. Los jugadores veteranos que son los depositarios del conocimiento más profundo del juego tienen entre 60 y 80 años. Si en los próximos diez o veinte años no se produce una transmisión efectiva de ese conocimiento a jugadores más jóvenes, el juego perderá una profundidad técnica y cultural que no podrá recuperarse.
El récord de los 3.500 años de continuidad ininterrumpida podría romperse en esta generación. No por una conquista ni por una prohibición, sino simplemente porque los jóvenes de Sinaloa tienen otras opciones y nadie ha conseguido todavía que el ulama compita eficazmente con ellas.