La historia de la vela oceánica en solitario es, en esencia, la historia de la audacia humana frente al océano: hombres y mujeres que han decidido enfrentarse al mar más grande del planeta sin compañía, sin sistemas de rescate modernos y, en los orígenes del deporte, sin más tecnología que un sextante, una brújula y su propia habilidad marinera.
Joshua Slocum y la primera vuelta al mundo en solitario (1895-1898)
El punto de partida de toda la historia de la vela solitaria es Joshua Slocum, un marinero nacido en Nueva Escocia (Canadá) en 1844. En 1895, a los 51 años y después de décadas de vida en el mar, Slocum decidió restaurar un velero en mal estado —el Spray, un sloop de 11 metros— y zarpar solo alrededor del mundo.
El 24 de abril de 1895 salió de Boston. Durante tres años y dos meses navegó 46.000 millas náuticas por el Atlántico, el Pacífico y el Índico, con paradas en decenas de puertos. No tenía un cronómetro marino de precisión (lo sustituyó con un reloj de cocina) y navegó sin radio ni equipamiento de emergencia moderno. En julio de 1898 regresó a Newport (Rhode Island) tras haber completado la primera circunnavegación en solitario de la historia.
Su libro, Sailing Alone Around the World (1900), se convirtió en uno de los clásicos de la literatura marinera y sigue leyéndose hoy. Slocum desapareció en el mar en 1909, navegando solo de nuevo, y nunca fue encontrado.
La era de los solitarios pioneros (1900-1960)
Durante la primera mitad del siglo XX, la navegación oceánica en solitario fue el dominio de aventureros individuales, no de una comunidad deportiva organizada. Algunos hitos de este período:
- Alain Gerbault (1923-1929): velero francés que cruzó el Atlántico en solitario en 1923 (Le Havre - Nueva York) y completó después una vuelta al mundo en solitario.
- Vito Dumas (1942-43): argentino que completó una vuelta al mundo en solitario durante la Segunda Guerra Mundial, navegando por los cuarenta rugientes y los cincuenta aullantes con un barco de 9 metros. Fue el primero en hacer el recorrido por los tres grandes cabos (Buena Esperanza, Leeuwin y Hornos).
- Francis Chichester antes del gran momento: navegó el Atlántico Norte en solitario varias veces en los años 50, preparándose para su gran hazaña.
La OSTAR y el nacimiento de la vela oceánica competitiva (1960)
El año 1960 marca el inicio de la vela oceánica como deporte organizado y competitivo. El coronel “Blondie” Hasler (Royal Marines) y el escritor Francis Chichester organizaron la primera OSTAR (Original Single-handed Trans-Atlantic Race): una regata transatlántica en solitario de Plymouth (Inglaterra) a Newport (Rhode Island).
Participaron solo cinco barcos. La ganó Francis Chichester en 40 días con el Gipsy Moth III. Hasler llegó segundo. Pero la semilla estaba plantada: la OSTAR se convirtió en una regata bienal que sigue celebrándose y que atrajo a más y más participantes en las décadas siguientes.
La OSTAR de 1964 fue el escenario del debut espectacular de un joven oficial de la marina francesa: Eric Tabarly, que ganó la regata con su Pen Duick II batiendo el récord por un margen amplio y convirtiéndose en héroe nacional en Francia. El gobierno francés le recibió en el Elíseo y el presidente De Gaulle le felicitó personalmente. Tabarly se convirtió en el padre de la cultura de la vela oceánica francesa.
La circunnavegación de Francis Chichester (1966-1967)
El siguiente gran paso fue la circunnavegación rápida. En 1966, Francis Chichester —ya con 65 años— zarpó de Plymouth a bordo del Gipsy Moth IV con el objetivo de dar la vuelta al mundo en solitario, con una sola escala en Sídney (Australia), en el menor tiempo posible.
Completó la primera etapa (Plymouth-Sídney) en 107 días y la segunda (Sídney-Plymouth) en 119 días. El tiempo total fue de 226 días de navegación, con solo una escala. Era una hazaña sin precedentes en velocidad y distancia para su época. La reina Isabel II le armó Caballero del Imperio Británico en el mismo muelle de Plymouth donde llegó, utilizando la misma espada con la que el primer Isabel había armado caballero a Francis Drake casi cuatro siglos antes.
Robin Knox-Johnston y la primera circunnavegación en solitario sin escalas (1968-69)
La OSTAR inspiró al periodista Francis Chichester y a otros a preguntarse: ¿podría hacerse la vuelta al mundo en solitario sin ninguna escala? El periódico británico The Sunday Times organizó en 1968 el Golden Globe Race: la primera regata de circunnavegación en solitario, sin escalas y sin asistencia. Podía salir quien quisiera entre junio y octubre de 1968.
De los nueve participantes que intentaron la regata, solo uno completó el recorrido: Robin Knox-Johnston, a bordo del Suhaili, un ketch de teca de 9,8 metros. Tardó 312 días (salió en junio de 1968, llegó en abril de 1969). Fue el primero en completar la circunnavegación en solitario, sin escalas y sin asistencia.
Los demás participantes abandonaron o, en el caso trágico de Donald Crowhurst, simularon su posición y se suicidaron en el mar (el caso Crowhurst es uno de los episodios más escalofriantes de la historia del deporte).
El Vendée Globe: la institucionalización del deporte (1989)
Con la experiencia acumulada de décadas de navegación oceánica en solitario y el auge de la vela offshore francesa de los años 70 y 80, el marinero y organizador Philippe Jeantot creó el Vendée Globe: la primera regata en solitario, sin escalas y sin asistencia organizada de forma periódica y con un recorrido establecido. La primera edición arrancó en noviembre de 1989 desde Les Sables-d’Olonne, en la costa atlántica francesa.
Trece barcos tomaron la salida. Siete llegaron. Jeantot ganó la primera edición, y con ella nació la regata más extrema del mundo, que desde entonces se celebra cada cuatro años y se ha convertido en el referente absoluto de la vela oceánica.