En la historia de los Campeonatos del Mundo de Wushu, hay un dato que se repite edición tras edición con una consistencia que no tiene parangón en ningún otro deporte de comparable desarrollo internacional: China gana. No ocasionalmente, no con altibajos, sino de manera sistemática y aplastante en las disciplinas de Taolu.
El dominio desde la primera edición
Desde el primer Campeonato del Mundo organizado por la IWUF en Pekín en 1991, China estableció una hegemonía en el Taolu que no ha conocido interrupciones significativas. El equipo chino llegó a esa primera edición como el más preparado del mundo por razones estructurales evidentes: había codificado el deporte, tenía el sistema de entrenamiento más desarrollado y contaba con la mayor densidad de atletas de elite del planeta.
El resultado fue una primera edición donde China dominó las categorías de Changquan, Nanquan, Taijiquan y todos los estilos con armas con una diferencia técnica notable respecto al resto de participantes. Los demás países —incluso los asiáticos con tradición marcial propia como Japón, Corea o Vietnam— llegaron a esa primera edición con programas de Wushu moderno relativamente jóvenes.
La evolución del dominio
A lo largo de los años 90 y 2000, el nivel del Wushu internacional creció significativamente. Países como Vietnam, Malasia, Irán y varios países europeos invirtieron en programas de desarrollo del Wushu, contrataron entrenadores chinos y comenzaron a producir atletas capaces de medirse con los chinos. En el Sanda, este crecimiento se tradujo en medallas de oro para países no chinos de manera regular.
En el Taolu, sin embargo, el dominio chino se mantuvo. Los atletas de otros países llegaban a las finales, ganaban medallas de plata y bronce, pero el oro en las categorías principales —Changquan, Nanquan, Daoshu, Jianshu— seguía siendo prácticamente un monopolio chino.
El récord como debate olímpico
El dominio del medallero de China en el Wushu es al mismo tiempo el mayor orgullo del deporte y su principal obstáculo para la inclusión olímpica. Para el COI, un deporte donde una nación gana casi todo no satisface el principio de universalidad que se exige a los deportes del programa olímpico.
La IWUF ha respondido a esta crítica con programas específicos de desarrollo en África, América y Europa, y con la simplificación de algunos aspectos del reglamento del Taolu para hacerlos más accesibles a atletas de países con menos tradición. Los resultados son visibles: el nivel del Wushu no chino ha mejorado notablemente, pero la brecha con el mejor Wushu chino sigue siendo significativa en el Taolu.
El dominio como testimonio de un sistema
El dominio histórico de China en el Wushu competitivo es, en un sentido diferente, un testimonio de la eficacia de su sistema de formación deportiva de alto rendimiento. La capacidad de producir atletas de nivel mundial de manera sistemática, durante décadas y en una disciplina tan técnica como el Taolu, no es un accidente cultural sino el resultado de décadas de inversión, metodología y desarrollo de conocimiento técnico específico.
Para el Wushu como deporte, el desafío del siglo XXI es encontrar el equilibrio entre preservar la excelencia técnica que China representa y construir un escenario competitivo donde esa excelencia tenga rivales creíbles, no solo en el Sanda sino también en el Taolu.