La fiesta que siempre genera polémica
El All-Star Game de la NBA es uno de los eventos más esperados del año: un fin de semana lleno de concursos de mates, triples y el partido de las estrellas. Pero detrás del espectáculo hay una larga historia de votaciones polémicas, fans creativos y situaciones que rozan lo absurdo.
Desde que la NBA introdujo el voto popular como sistema principal de selección de los titulares del All-Star, el partido ha sido escenario de más de un quebradero de cabeza para la liga. El principio es sencillo: los aficionados votan a sus jugadores favoritos, los más votados son titulares. El problema es que los aficionados no siempre votan al mejor jugador de la temporada.
El fenómeno Yao Ming y el poder del voto organizado
El caso más extremo de la historia del All-Star ocurrió con Yao Ming, el pívot chino de los Houston Rockets. Durante su carrera, Yao fue un jugador de élite real, pero su popularidad en China era de otra dimensión: millones de aficionados chinos votaban de forma organizada y masiva para asegurar que su estrella nacional fuera titular.
El problema llegó en 2011. Yao Ming llevaba prácticamente toda la temporada sin jugar por una lesión grave en el pie que, de hecho, acabó retirándole del baloncesto profesional. A pesar de ello, los fans chinos siguieron votándole y Yao fue el jugador más votado del Oeste. La NBA se encontró ante el dilema de incluir a un jugador retirado de facto como titular de su partido de estrellas. Finalmente, Yao declinó participar por motivos obvios, pero el episodio puso de manifiesto las grietas del sistema.
Campañas de relleno y votaciones de broma
El caso Yao no fue el único. Con los años, el voto del All-Star se ha convertido en una tradición con sus propias subculturas de bromistas. En 2015 y 2016, grupos de fans organizaron campañas para meter en el All-Star a jugadores de segunda fila como Zaza Pachulia, un pívot georgiano que acumulaba centenares de miles de votos gracias a campañas coordinadas en redes sociales. Pachulia no era un mal jugador, pero estar entre los más votados de su posición resultaba difícil de justificar deportivamente.
Otros candidatos improbables que acumularon votos ridículos incluían a jugadores casi nunca titulares, o a veteranos en el tramo final de su carrera cuya inclusión haría gracia precisamente por lo inesperado. La NBA miraba con una mezcla de humor y preocupación estos fenómenos, consciente de que la participación de los fans era positiva pero que el sistema podía distorsionar el sentido deportivo del evento.
El formato de Draft que intentó salvar el partido
En 2018 la NBA introdujo otro cambio radical: en lugar de jugar Este contra Oeste, el formato pasó a ser el de dos capitanes que elegían a sus compañeros de equipo en un draft televisado. LeBron James y Steph Curry fueron los primeros capitanes, y la imagen de los dos escogiendo a sus compañeros como en un partido de patio de colegio generó un enorme impacto mediático.
El nuevo formato resolvía un problema adicional: los All-Star Games del formato clásico habían degenerado en exhibiciones donde nadie defendía y los marcadores eran aberrantes. En 2017 el partido acabó 192-182, un resultado que difícilmente refleja el baloncesto de élite. Con el Draft y algunas reglas adicionales sobre la defensa en el último cuarto, la liga intentó recuperar algo de competitividad.
Las votaciones hoy
El sistema actual, que combina fans, jugadores y medios, ha reducido las distorsiones más extremas sin eliminar del todo el componente popular. Los titulares siguen siendo elegidos mayoritariamente por los aficionados, lo que garantiza que las grandes estrellas con mayor base de seguidores tengan ventaja. Pero al menos el voto de jugadores y periodistas actúa como contrapeso cuando la popularidad se aleja demasiado del rendimiento real.
Una cosa está clara: mientras haya votación popular, habrá campañas creativas, candidatos sorprendentes y más de una discusión sobre quién merece realmente estar en el partido de las estrellas.