El mate es el gesto más explosivo y espectacular del baloncesto. Consiste en que un jugador salta lo suficiente como para superar el nivel del aro (situado a 3,05 metros del suelo) e introduce el balón en la canasta directamente desde arriba, con fuerza y autoridad. Más allá de los dos puntos que aporta, el mate tiene un enorme impacto psicológico: intimida al defensor, energiza al propio equipo y puede cambiar el momentum de un partido.
La historia del mate en la NBA está ligada a figuras que redefinieron la posición de escolta y alero. Michael Jordan, apodado “Air Jordan”, llevó el mate a un nivel artístico con su capacidad de salto y su sentido del espectáculo. Vince Carter, con su legendaria actuación en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 (el mate sobre Frédéric Weis) y en el concurso de mates, es considerado por muchos el mejor dunker de la historia. En generaciones más recientes, Zion Williamson y Ja Morant han continuado esa tradición de explosividad sobre la canasta.
El mate también tiene un valor táctico además del espectacular. Un mate en el poste bajo sobre el defensor es la culminación de un buen bloqueo o de una mala defensa, y supone una puntuación eficiente (dos puntos garantizados con alta probabilidad). Los equipos buscan activamente situaciones de alley-oop (pase lobado para que el receptor lo introduzca en el aro de mate) como jugadas diseñadas de partido. En el baloncesto moderno, con su énfasis en el tiro de tres y la eficiencia, el mate en zona pintada sigue siendo una de las opciones de mayor valor por posesión.