El triple-doble es una de las estadísticas más valoradas en el baloncesto moderno porque ilustra la versatilidad de un jugador: no solo puede anotar, sino también distribuir y controlar el rebote con autoridad. Alcanzar diez o más en tres categorías estadísticas en el mismo partido requiere un alto nivel de participación en todas las facetas del juego. Por eso históricamente ha sido asociado a los mejores bases y aleros de cada generación.
Oscar Robertson fue el primero en conseguir un promedio de triple-doble durante una temporada completa en la NBA (1961-62), hazaña que tardó décadas en ser igualada. Russell Westbrook lo replicó en la temporada 2016-17 y repitió el logro en temporadas posteriores. LeBron James, Nikola Jokic y Luka Doncic son los jugadores contemporáneos más asociados a esta estadística en la era moderna, con promedios temporales muy próximos al triple-doble y numerosos partidos individuales en los que lo consiguen.
La obsesión por el triple-doble también tiene sus críticos en el mundo del análisis estadístico. Las métricas avanzadas han demostrado que no siempre correlaciona directamente con la victoria del equipo. Un jugador puede acumular diez rebotes defensivos sin añadir valor real si sus compañeros habrían capturado esos rebotes de todas formas. Lo mismo ocurre con las asistencias: si un jugador fuerza pases innecesarios para llegar a diez, puede estar perjudicando al equipo. El triple-doble es un logro llamativo, pero debe contextualizarse con métricas de impacto más completas.