El triple es la canasta más valiosa del baloncesto: vale tres puntos en lugar de los dos habituales y puede transformar el resultado de un partido en cuestión de segundos. Para que cuente, el jugador debe lanzar con los dos pies fuera de la línea de tres puntos en el momento de ejecutar el tiro (no en el aterrizaje). Si uno de los pies toca la línea, el tiro solo vale dos puntos. Las esquinas son la posición más cercana al aro desde fuera de esa línea, lo que las convierte en la zona de mayor eficiencia para los tiradores de tres.
La revolución estadística del baloncesto moderno ha situado al triple en el centro de la estrategia ofensiva. Equipos como los Golden State Warriors con Steve Kerr como entrenador popularizaron el “pace and space”: jugar rápido, ocupar las esquinas y el perímetro con tiradores de tres y atacar el aro con bases hábiles. Este modelo, respaldado por las métricas de eficiencia, demostró que un equipo que genera triples abiertos consistentemente supera en eficiencia a uno que solo busca canastas de dos puntos. Hoy prácticamente todos los equipos de la NBA adoptan alguna versión de este principio.
Stephen Curry es el símbolo máximo de esta era. Su capacidad de anotar triples desde distancias imposibles (a veces más de 10 metros), con defensores encima y en movimiento, redefinió qué se considera un “buen tiro” en baloncesto. Antes de Curry, lanzar de tres en movimiento desde siete metros con un defensor encima se consideraba una mala decisión; después de él, ese mismo lanzamiento es considerado una ventaja si el lanzador es suficientemente bueno. Ningún jugador en la historia ha cambiado tanto la percepción táctica de un deporte.