En poco más de un siglo, el baloncesto recorrió el camino desde el gimnasio de una escuela de Springfield hasta los salones de los aficionados de todo el mundo. El motor de esa expansión fue la NBA, la liga profesional norteamericana que se convirtió en el escaparate más brillante del deporte y en la plataforma que lo catapultó a la popularidad global.
Los primeros pasos del baloncesto profesional
Durante las primeras décadas del siglo XX, el baloncesto fue creciendo de forma orgánica por toda Norteamérica. Los partidos profesionales comenzaron a disputarse de forma esporádica a principios del siglo XX, con jugadores que cobraban pequeñas cantidades por actuar. La American Basketball League (ABL), fundada en 1925, fue uno de los primeros intentos de crear una liga profesional estructurada, aunque su funcionamiento fue irregular y acabó disolviéndose durante la Gran Depresión.
La liga que cambió todo fue la Basketball Association of America (BAA), fundada en 1946 por los propietarios de los grandes palacios deportivos de las ciudades del noreste de Estados Unidos, que buscaban una forma de llenar sus instalaciones durante las noches que no había hockey. En 1949, la BAA se fusionó con la National Basketball League (NBL) para crear la National Basketball Association (NBA), que integró a los mejores equipos y jugadores de ambas ligas.
La integración racial y los primeros grandes jugadores
La NBA comenzó como una liga de jugadores blancos, pero en 1950 rompió la barrera racial con la incorporación de los primeros jugadores afroamericanos: Chuck Cooper, Nat Clifton y Earl Lloyd. A partir de entonces, los jugadores negros, que venían de una rica tradición de baloncesto en las universidades históricamente negras (HBCUs) y en la liga segregada Harlem Globetrotters, comenzaron a transformar el juego con su atletismo, creatividad y velocidad.
En los años 50 y 60, figuras como Bill Russell (con once títulos de la NBA en trece años con los Boston Celtics) y Wilt Chamberlain (el único jugador en anotar 100 puntos en un solo partido) redefinieron las posibilidades del baloncesto como espectáculo y como deporte. La rivalidad entre los Celtics de Russell y los distintos rivales que intentaron arrebatarles la hegemonía marcó el primer gran capítulo de la historia de la NBA.
La era dorada de los ochenta: Magic, Bird y Jordan
Los años ochenta fueron la edad de oro que convirtió la NBA en un producto de entretenimiento global. La llegada de Magic Johnson y Larry Bird en 1979 insufló una nueva energía al juego y a su comercialización: la rivalidad entre los Angeles Lakers y los Boston Celtics se convirtió en el drama deportivo más seguido de Norteamérica, con audiencias televisivas que crecían año tras año.
Y luego llegó Michael Jordan. Fichado por los Chicago Bulls en 1984, Jordan combinaba una habilidad técnica incomparable con una intensidad competitiva que no tenía precedentes. Sus actuaciones elevaron constantemente el listón de lo que el baloncesto podía ofrecer como espectáculo, y su imagen —potenciada por la asociación con Nike y las zapatillas Air Jordan— lo convirtió en el atleta más comercialmente exitoso de su época y en el embajador global más eficaz que el baloncesto haya tenido jamás.
El Dream Team de 1992 y la globalización definitiva
Hasta los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, los jugadores profesionales de la NBA no podían participar en los Juegos Olímpicos. La decisión de abrir la puerta a los profesionales para aquella edición produjo el equipo deportivo más famoso de la historia: el Dream Team. El equipo incluía a Jordan, Magic Johnson, Larry Bird, Charles Barkley, Patrick Ewing, Karl Malone, John Stockton, Scottie Pippen, Clyde Drexler, Chris Mullin, Patrick Ewing y el universitario Christian Laettner.
El Dream Team ganó todos sus nueve partidos olímpicos por un promedio de 43,8 puntos de margen. Sus enfrentamientos fueron transmitidos en todo el mundo, y las imágenes de aquellos gigantes del baloncesto se convirtieron en el detonante de una explosión de popularidad del baloncesto en Europa, Asia, América Latina y África. En España, el partido de semifinales contra la selección local ante el Palau Sant Jordi lleno hasta la bandera fue visto como un privilegio por todos los que lo presenciaron.
La era post-Jordan y el baloncesto sin fronteras
A partir de los años 2000, la NBA incorporó de forma masiva jugadores procedentes de Europa, América Latina y África. Jugadores como Dirk Nowitzki (Alemania), Tony Parker (Francia), Manu Ginóbili (Argentina) o Pau Gasol (España) demostraron que el talento para el baloncesto de élite no tenía fronteras geográficas. El dominio de los San Antonio Spurs —con su modelo de juego colectivo y su nómina multinacional— fue el símbolo de una NBA verdaderamente globalizada.