Valero Rivera Arrufat nació el 11 de enero de 1956 en Castellón de la Plana. Aunque su figura es la de un entrenador y no la de un jugador, su impacto en el balonmano español y mundial es tan descomunal que cualquier repaso a las grandes figuras del deporte debe incluirlo necesariamente. Su nombre es inseparable de la historia del FC Barcelona y de la época dorada del balonmano europeo de los años noventa.
Los inicios como entrenador
Rivera comenzó su carrera como jugador antes de pasar a los banquillos en los años ochenta. Su inteligencia táctica y su capacidad para transmitir conceptos de juego quedaron evidentes desde el principio, y el FC Barcelona no tardó en confiarle el equipo. En el club catalán encontró el proyecto y los medios para desarrollar su visión del balonmano.
Su primera etapa en el Barça fue el comienzo de una relación que duraría décadas, salpicada de salidas y regresos. Cada vez que el club necesitó recuperar el nivel o reconquistar la élite europea, Rivera estaba disponible con soluciones.
Los títulos europeos y el dominio del Barcelona
El período más brillante de Rivera al frente del Barça coincidió con la primera mitad de los años noventa. Bajo su dirección, el club catalán ganó cuatro Ligas de Campeones de la EHF: en 1991, 1996, 1997 y 1999. Ese palmarés convirtió al Barcelona en el equipo más ganador de la historia de la competición europea por equipos, y a Rivera en el entrenador con más títulos europeos de la historia del balonmano de clubes.
A nivel nacional, los títulos en la Liga ASOBAL y en la Copa del Rey fueron prácticamente constantes durante sus etapas al frente del equipo. El Barça de Rivera era reconocible por su intensidad defensiva, su velocidad en la transición y la claridad en el juego organizado en ataque.
Estilo de entrenamiento e influencia táctica
Lo que hizo único a Rivera como entrenador fue su capacidad de síntesis. Tomó elementos del balonmano centroeuropeo —sobre todo alemán y yugoslavo— y los adaptó al contexto español, creando un estilo propio que el Barça exportó a toda la liga nacional. La importancia que dio a la defensa activa, al portero como primer atacante y al contraataque rápido influyó en toda una generación de entrenadores españoles.
Formó o desarrolló a jugadores como Demetrio Lozano, Iñaki Urdangarín, Pier Thibaut y Jackson Richardson, entre muchos otros. Su método de trabajo era exigente pero coherente, y los jugadores que pasaron por sus manos coinciden en señalar que Rivera elevó su nivel de comprensión del juego.
Legado en el balonmano español y europeo
El legado de Valero Rivera se mide en títulos pero también en la manera en que elevó el nivel del balonmano español. El dominio del Barça bajo su dirección atrajo jugadores internacionales de primer nivel, elevó el presupuesto y la visibilidad del club y estableció un estándar de competitividad que el balonmano español no conocía antes. Su influencia se extiende hasta hoy a través de los entrenadores y jugadores que se formaron bajo su supervisión.