La descalificación en balonmano, equivalente a la tarjeta roja en otros deportes, es la sanción más severa que puede recibir un jugador durante un partido. Supone su abandono definitivo del encuentro y tiene dos modalidades principales: la descalificación con posibilidad de sustitución —la más habitual— y la descalificación sin posibilidad de sustitución, reservada para las conductas más graves y violentas. La diferencia entre ambas tiene un impacto directo en el resultado, ya que en el segundo caso el equipo queda mermado de forma permanente.
La descalificación más común llega tras la acumulación de tres exclusiones temporales por el mismo jugador. Los árbitros muestran primero la amonestación (amarilla), luego sancionan con exclusiones temporales sucesivas, y a la tercera muestran la tarjeta roja. En este caso, el equipo puede incorporar un sustituto, pero debe disputar 2 minutos adicionales con inferioridad antes de que esa persona entre al campo. Este sistema progresivo busca corregir el comportamiento antes de llegar a la expulsión definitiva.
La descalificación sin sustitución —la más dura— se aplica en situaciones de agresión deliberada, comportamiento gravemente violento o actitudes que atenten contra la integridad física de un rival o de los árbitros. En este caso, el equipo juega con un jugador menos durante el resto del partido. Además de las sanciones deportivas, las descalificaciones por conducta grave pueden derivar en sanciones adicionales de las federaciones, incluyendo suspensiones para futuros partidos o multas económicas para el club o la federación responsable.