El portero es la posición más específica del balonmano y la única que puede moverse dentro del área de portería (la zona semicircular de 6 metros). Desde ese espacio privilegiado, su misión principal es detener los lanzamientos del equipo contrario, que pueden llegar con velocidades superiores a los 130 km/h en el caso de los lanzadores de élite. Los porteros de alto nivel combinan reflejos veloces, una envergadura amplia, gran agilidad lateral y capacidad de lectura del lanzador.
Más allá de las paradas, el portero moderno tiene un papel fundamental en la organización del juego de su equipo. Tras detener un balón, tiene 3 segundos para sacarlo (saque de portería) e iniciar el contraataque. Un portero con buen criterio de saque puede lanzar el contraataque antes de que el rival regrese a su posición defensiva, convirtiendo una parada en una oportunidad de gol casi directa. Por eso, la capacidad de distribución rápida y precisa es tan valorada como la habilidad para parar.
En balonmano, el portero también participa activamente en las instrucciones defensivas: desde su posición puede ver todo el campo y guiar a sus compañeros en la colocación defensiva, avisando de las amenazas y coordinando las salidas. La relación entre el portero y la defensa del 6:0, 5:1 u otras formaciones es determinante para el rendimiento colectivo. Un portero en racha puede cambiar por sí solo el resultado de un partido, especialmente en situaciones de lanzamientos de 7 metros.