El béisbol es un deporte construido sobre el número nueve. Nueve entradas, nueve jugadores por equipo, nueve posiciones defensivas. La simetría es perfecta. Y sin embargo, nadie eligió el nueve por ninguna razón especialmente profunda. Es el resultado de la historia y la costumbre, no de la lógica.
Antes del nueve: el béisbol caótico
En las primeras décadas del béisbol americano, en la primera mitad del siglo XIX, el juego no tenía una estructura fija. Los partidos podían jugarse hasta que un equipo alcanzara 21 carreras, o durante un número acordado de entradas, o hasta que se hiciera de noche. El número de jugadores por equipo variaba entre siete y quince dependiendo de los participantes disponibles.
En 1845, Alexander Cartwright y el Knickerbocker Base Ball Club de Nueva York publicaron el primer código completo de reglas del béisbol moderno. Establecieron que cada equipo tendría nueve jugadores, que los bateadores serían eliminados después de tres strikes, y que las bases estarían a 27 metros de distancia. Por qué nueve jugadores y no ocho o diez es una pregunta sin respuesta clara: fue la convención del club, no el resultado de un análisis técnico.
Cómo se fijaron las nueve entradas
El número de entradas tardó más en estabilizarse. Durante años, los partidos se jugaban hasta que un equipo completaba 21 outs (o 27, según el formato). La estructura de entradas como la conocemos hoy, con cada equipo teniendo su turno al bate en cada entrada, fue evolucionando gradualmente.
La convención de las nueve entradas se fue estableciendo durante la segunda mitad del siglo XIX, cuando el béisbol profesional empezó a organizarse con la National Association (1871) y posteriormente la National League (1876). Para entonces, nueve entradas ya era el estándar de facto en la mayoría de ligas.
No hay un momento exacto ni una decisión única que fijara el nueve. Es el resultado de que, una vez que una convención se establece en un deporte en crecimiento, es muy difícil cambiarla. En 1876, cuando la primera liga profesional se formalizó, nueve entradas ya era lo que todos hacían.
La aritmética que lo hace funcionar
Curiosamente, aunque el nueve llegó por convención y no por diseño, resulta que funciona bien en términos matemáticos y competitivos. Nueve entradas dan tiempo suficiente para que los partidos tengan desarrollo dramático, para que los equipos puedan remontar, y para que la habilidad sea más determinante que la suerte.
Los intentos de modernizar el béisbol reduciendo el número de entradas para acortar los partidos han encontrado siempre una resistencia enorme. El béisbol es uno de los pocos deportes sin reloj: termina cuando termina, con independencia del tiempo que tarde. Los aficionados consideran que cambiar el número de entradas sería alterar la naturaleza misma del deporte.
Y así, el nueve —elegido por un club de Nueva York en 1845 por razones que nadie documentó con precisión— sigue siendo la cifra sagrada del béisbol, 180 años después.