El doble play es la joya de la defensa en béisbol: conseguir dos outs en una sola jugada de forma encadenada. Es una de las acciones más satisfactorias para el equipo defensor porque convierte en un instante una situación potencialmente peligrosa —un corredor en base con pocos outs— en una entrada casi cerrada. Para el equipo atacante, el doble play puede frustrar una entrada prometedora con bases en movimiento.
La variante más habitual es el 6-4-3 o 5-4-3 (según la notación posicional del béisbol): el parador en corto (6) o el tercera base (5) recoge un rodado, lanza a la segunda base (4) para el primer out por force play, y el segunda base relanza de inmediato a primera (3) para el segundo out antes de que llegue el bateador. Esta secuencia requiere velocidad, coordinación y precisión entre los defensores. Los mejores tándems de cuadro interior practican estos movimientos hasta hacerlos automáticos.
Existen otras variantes: el doble play 1-6-3 (pitcher, parador en corto, primera base), el doble play 3-6-3 (primera base a parador en corto a primera), y el doble play en el aire (un defensor atrapa el batazo y lanza a una base antes de que el corredor regrese). En situaciones extremas, cuando todo el cuadro interior está en movimiento, incluso puede producirse el triple play, una de las jugadas más infrecuentes y espectaculares del béisbol.