El hit, también llamado imparable en español, es el evento ofensivo fundamental del béisbol. Se produce cuando el bateador conecta la pelota en fair territory y llega a base de manera segura sin que haya habido un error o intento de out fallido que se hubiera convertido en out ante una jugada impecable. El hit se distingue de otras formas de llegar a base —walk, golpe por lanzamiento, error— por ser el producto directo de un buen batazo.
Existen cuatro tipos de hit según el número de bases que avanza el bateador. El sencillo (single) es el más común: el bateador llega a primera base. El doble (double) lleva al bateador hasta segunda. El triple lo lleva a tercera y requiere una combinación de velocidad del corredor y potencia del batazo; es el hit más raro por partido. El jonrón (home run) es el hit más valioso: el bateador recorre las cuatro bases y anota carrera asegurada.
La estadística más conocida del béisbol clásico, el batting average, mide precisamente la proporción de hits sobre turnos al bate. Bateadores como Ted Williams (.406 en 1941, la última vez que alguien superó el .400 en la MLB) o Tony Gwynn (ocho títulos de bateo) son venerados por su capacidad de conectar hits de manera consistente. En el béisbol moderno, el hit se evalúa también por su «calidad»: no es lo mismo un infield hit por un rodado lento que un línea al jardín central a 170 km/h, aunque ambos cuentan como un sencillo en la estadística.