La entrada, o inning en inglés, es la unidad de tiempo y acción del béisbol. Cada entrada se divide en dos mitades: la parte alta (top), en la que batea el equipo visitante mientras el local defiende, y la parte baja (bottom), en la que los roles se invierten. Cada mitad termina cuando el equipo que batea acumula tres outs. Completadas ambas mitades, la entrada queda cerrada y se pasa a la siguiente.
Un partido estándar de béisbol tiene nueve entradas. Si al finalizar la novena los dos equipos están empatados, se añaden entradas extra (extra innings) hasta que al concluir una entrada completa uno de los dos equipos lleve ventaja en el marcador. No hay límite teórico de entradas adicionales, lo que ha producido partidos históricos de 20 o más entradas. La MLB introdujo en 2020 la regla del corredor de extra innings —colocar un corredor en segunda base al inicio de cada entrada extra— para agilizar la resolución de estos encuentros.
La distribución de las entradas también tiene implicaciones tácticas importantes. El equipo local siempre batea en la parte baja, lo que le da la ventaja de saber exactamente cuántas carreras necesita anotar para ganar o empatar cuando batea en la novena. Esta ventaja puede influir en decisiones como el uso de los relevistas o la gestión de los outs. Las últimas tres entradas (séptima, octava y novena) tienen nombres propios en béisbol moderno: setup, hold y save opportunities, marcando el territorio de los especialistas del bullpen.