El receptor, conocido en inglés como catcher, es una de las posiciones más completas y exigentes del béisbol. Se coloca en cuclillas detrás del plato del bateador, protegido con casco, careta, peto y espinilleras, y tiene la misión de recibir todos los lanzamientos del pitcher. Pero su rol va mucho más allá de atrapar la pelota: el receptor es el cerebro defensivo del equipo, el jugador con mejor visión del campo y el encargado de coordinar la estrategia lanzamiento a lanzamiento.
Mediante señas con los dedos (entre las piernas para que no las vea el equipo contrario), el receptor indica al pitcher qué tipo de lanzamiento debe tirar, a qué zona y con qué velocidad. Esta comunicación constante exige que el receptor conozca a fondo las debilidades de cada bateador rival y el arsenal disponible del pitcher. Además, el receptor dirige al cuadro interior, indica a los jardineros cómo posicionarse y gestiona los intentos de robo de base de los corredores rivales con lanzamientos rápidos a las bases.
En ataque, el receptor también batea en el lineup del equipo, aunque históricamente esta posición ha priorizado las aptitudes defensivas sobre las ofensivas. Receptores como Johnny Bench, Mike Piazza o Iván Rodríguez son considerados entre los mejores porque combinaron excelencia defensiva con un bateo de alto nivel. En el béisbol moderno, la estadística framing (habilidad de «robar» strikes al árbitro con movimientos sutiles al recibir) ha añadido una nueva dimensión cuantificable al valor de los catchers.