El robo de base es una de las jugadas más emocionantes y arriesgadas del béisbol. Se produce cuando un corredor que está en base decide avanzar a la siguiente por iniciativa propia, aprovechando un lanzamiento del pitcher sin que haya un batazo. El corredor debe calcular el momento exacto en que el pitcher inicia su movimiento y arrancar con la máxima velocidad para llegar a la nueva base antes de que el receptor reciba el lanzamiento y envíe la pelota al defensor correspondiente.
Para que el robo sea posible, el corredor evalúa varios factores: la velocidad de lanzamiento y el tiempo de entrega del pitcher al plato, la velocidad y precisión del brazo del receptor, y la posición del defensor en la base destino. Los pitchers intentan dificultar los robos variando sus movimientos, usando el step-off (salir del montículo) o lanzando pickoff plays —lanzamientos rápidos a la base para intentar eliminar al corredor desprevenido—. Los receptores, por su parte, intentan maximizar el tiempo de respuesta para tener opciones de sacar al corredor.
Los especialistas en velocidad —como Rickey Henderson, el máximo ladrón de bases de la historia con 1,406 robos en su carrera— transforman la táctica del béisbol. Un corredor veloz en primera obliga al pitcher a modificar su rutina, al receptor a estar siempre alerta y a la defensa a ajustar posiciones. Este efecto mental y táctico de la amenaza de robo tiene valor incluso cuando el corredor no llega a intentarlo.